jueves, 9 de octubre de 2008

Julio Cortázar

Che
Julio Cortázar

Yo tuve un hermano.
No nos vimos nunca pero
no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Octubre de 1967

martes, 7 de octubre de 2008

¡EL CHE VIVE!

41 ANIVERSARIO DEL CHE
Jornada conmemorativa del 41 aniversario del asesinato del Comandante Ernesto Che Guevara invitan: Embajada de la República de Cuba en México Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba Miercoles, 8 de octubre.Acto y ofrenda floral el busto del Che a las 10 hrs. Parque San Carlos Calle Ignacio Mariscal y Miguel Ramos Arizpe, Col. Tabacalera(creca del Metro Revolución)

Che
Julio Cortázar

Yo tuve un hermano.
No nos vimos nunca pero
no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Octubre de 1967

VIDEO DEMANDA CONTRA FCH

http://mx.youtube.com/watch?v=WDPap_YclP8





Aqui vá el video de Jaime Cárdenas y Jesus González Schmall, anunciando que se presentarán las demandas contra felipe calderón hinojosa, por traición a la patria.



Reenvien a sus contactos, ésta información no ha sido difundida por los medios de comunicación, ni radio, ni tv, ni prensa escrita, asi que nos toca hacer públicas éstas demandas,

ENTREVISTA DE AMLO EN "EN CONTEXTO"

http://es.youtube.com/watch?v=ob8Na4z91ts

Petición UNIFEM: un millón de firmas para erradicar la violencia contra las mujeres

UNIFEM está recabando un millón de firmas para enviar una petición al Secretario General de la ONU el 25 de noviembre para erradicar la violencia contra las mujeres. Amnistía Internacional se ha sumado a la petición, por lo que les pedimos que la firmen: http://www.saynotoviolence.org/

lunes, 6 de octubre de 2008

Saramago

¿Dónde está la izquierda?
Octubre 1, 2008
Me ausento de este espacio durante veinticuatro horas, no por necesidad de descanso o falta de asunto, simplemente para que la última crónica se mantenga un día más en el lugar en que está. No estoy seguro de que lo merezca por la forma en que dije lo que pretendía, sino para darle un poco más de tiempo mientras espero que alguien me informe donde está la izquierda…
Hace alrededor de tres o cuatro años, en una entrevista a un diario sudamericano, creo que argentino, entre la retahíla de preguntas y respuestas solté una declaración que inmediatamente supuse que iba a causar agitación, debate, escándalo (hasta este punto llegaba mi ingenuidad), comenzando por las huestes locales de la izquierda y a continuación, quien sabe, como una onda que se expandiera en círculos, en los medios internacionales, tanto políticos, sindicales o culturales que de la dicha izquierda son tributarios. En toda su crudeza, sin escamotear su propia obscenidad, la frase, puntualmente reproducida por el periódico, era la siguiente: “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”. A mi intención, deliberadamente provocadora, la izquierda así interpelada, respondió con el más gélido de los silencios. Ningún partido comunista, por ejemplo, empezando por aquel del que soy miembro, salió a la palestra para rebatir o simplemente argumentar acerca de la propiedad o la falta de propiedad de las palabras que pronuncié. Con mayor razón, tampoco ninguno de los partidos socialistas que se encuentran en los gobiernos de sus respectivos países, pienso, sobre todo, en los de Portugal y España, consideró necesario exigir una aclaración al atrevido escritor que había osado lanzar una piedra al putrefacto charco de la indiferencia. Nada de nada, silencio total, como si en los túmulos ideológicos donde se refugian no hubiese nada más que polvo y telarañas, como mucho un hueso arcaico que ya ni para reliquia serviría. Durante algunos días me sentí excluido de la sociedad humana como si fuese un apestado, víctima de una especie de cirrosis mental que provocaba que no diera pie con bola. Llegué a pensar que la frase compasiva que andaría circulando entre los que así callaban sería más o menos ésta: “Pobrecillo, ¿qué se podría esperar de él con esa edad?” Estaba claro que no me encontraban opinante con la estatura adecuada.
El tiempo fue pasando, pasando, la situación del mundo complicándose cada vez más, y la izquierda, impávida, seguía desempeñando los papeles que, en el poder o en la oposición, les habían sido asignados. Yo, que mientras tanto había hecho otro descubrimiento, el de que Marx nunca había tenido tanta razón como hoy, supuse, cuando hace un año reventó la burla cancerígena de las hipotecas en los Estados Unidos, que la izquierda, allá donde estuviera, si todavía le quedaba vida, abriría por fin la boca para decir lo que pensaba del asunto. Ya tengo la explicación: la izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca. Pasó lo que pasó después, hasta lo que está ocurriendo hoy, y la izquierda, cobardemente, sigue no pensando, no actuando, no arriesgando ni una pizca. Por eso no es de extrañar la insolente pregunta del título: “¿Dónde está la izquierda?” No doy albricias, he pagado demasiado caras mis ilusiones.


Escrito en El cuaderno de Saramago | Comments Off


http://cuaderno.josesaramago.org/page/2/

ASTILLERO DOMINICAL!



Felipe ante su fantasma

■ Impericia grave

■ Pasmo de “civiles”

■ Control militar




CRíTICO PRESIDENCIAL Andrés Leonardo Gómez Emilsson fue detenido el viernes por el EMP por protestar en Palacio Nacional Foto: María Luisa Severiano

Felipe Calderón mostró una peligrosa impericia el viernes pasado a la hora de enfrentar las manejables protestas de dos jóvenes en Palacio Nacional. Tomado absolutamente sin sorpresa, pues Andrés Gómez le hizo saber con toda anticipación su claramente impugnadora negativa a saludarlo, el ocupante de la Presidencia de la República perdió el control político del incidente, al tratar de hilar improvisaciones discursivas sobre la libertad y la tolerancia mientras a sus ojos Mario Virgilio Jiménez era sacado del lugar por miembros del Estado Mayor Presidencial y otros de ellos “controlaban” mediante amenazantes órdenes y acoso físico a quien había gritado “espurio” al funcionario michoacano que permitió el actuar represivo de sus cuidadores militares sin atreverse a dar el golpe básico de inteligencia política que hubiera significado el ordenar en público e instantáneamente a su cuerpo castrense de elite que dejara en paz a los jóvenes y respetara su libre expresión.

Lo más grave no fue, sin embargo, la comprobación pública de la reducida estatura política de quien está encaramado en la cúspide de la pirámide de la administración federal, ni su comportamiento lleno de trastiendas donde se almacenan resentimientos e inseguridad, sino el hecho palmario de que durante dos horas y media quien ejerció el poder fue el Estado Mayor Presidencial, con ausencia operativa absoluta de los funcionarios civiles integrantes del aparato presidencial cuando menos hasta la torpe y deshilachada emisión, presuntamente el finiquito del asunto, de un comunicado de prensa en el que el ocupante de Los Pinos justifica y se hace corresponsable de la acción de sus custodios, quienes habrían cumplido con sus obligaciones reglamentarias y legales al detener a los dos jóvenes, encerrarlos durante una hora y media en oficinas de Palacio Nacional convertidas en cárceles preventivas, someterlos a interrogatorios y tratamientos amenazantes, entregarlos sin razón jurídicamente fundada ni formalizada a policías del Distrito Federal y, dejando asomar el rostro oscuro de la posibilidad de enjuiciarlos por delitos de corte político, beneficiarlos con un gesto de presunta generosidad al “anticipar” que no se formularían “cargos contra estos jóvenes”, lo cual constituyó la primera amnistía del régimen calderónico a presos políticos que a pesar de la brevedad de su detención y el desistimiento de su parte acusadora podrían ahora entablar demandas contra quienes los sometieron a todas las arbitrariedades citadas e incluso contra el licenciado Calderón, que se la pasa solicitando a los desprotegidos ciudadanos que denuncien los presuntos delitos que cometan peligrosos y vengativos criminales pero que él mismo, en medio de sus fortalezas blindadas, fue incapaz de sostener acusaciones contra quienes sí consideró probables responsables “de conductas que son sancionadas penal o administrativamente por la legislación vigente”.

El episodio del viernes deja lamentables saldos. Calderón careció de la grandeza política para enfrentar una protesta juvenil previsible y acotada y, a pesar de las palabras que dijo, permitió que el par de jóvenes fuese arrestado, en clara convalidación práctica del intento en curso de criminalizar toda protesta política y social. Calderón no puede aducir que ignoraba el actuar represivo de sus escoltas, pues a Mario Virgilio Jiménez lo “retiraron” del público invitado mientras él, Felipe, cambiaba el giro de su discurso, tocaba el tema del 68 y hablaba de que ahora sí se podía dar el “espectáculo” de impugnar al poderoso sin que –cajum, cajum– le sucediera nada a los disidentes, y la ausencia de Andrés Gómez era evidente a la hora en que, al final del acto, los jóvenes premiados se tomaron una fotografía oficial con el michoacano que no pudo sustraerse a la tentación menor de contaminar su discurso con las referencias a quienes ahora le niegan reconocimiento como presidente pero 40 años atrás formaban parte de aquel “régimen autoritario”.

Otro detalle grotesco fue la virtual huida de personajes del gobierno federal a la hora de atender el caso de los jóvenes desaparecidos durante más de 90 minutos. Ningún funcionario hizo nada que no fuera abandonar con rapidez el escenario candente. La máxima burócrata del instituto juvenil federal, convocante del acto, se quedó pasmada, muda, incapaz de algo más que pedir en estado zombi a los reporteros que la dejaran pasar. Por cierto, esta presidenta del Instituto Mexicano de la Juventud, Priscila Vera, fue impuesta por Mariana Gómez del Campo, familiar de la señora Margarita, para que ese instituto sea fuente de recursos para actividades panistas en la capital y de negocios para beneficio de esa camarilla blanquiazul. En realidad, el acto juvenil fue pensado originalmente para centrar el discurso felipense en el encomio de la lucha política de la oaxaqueña Eufrosina Cruz, a quien arrebataron un triunfo electoral a cuenta de usos y costumbres indígenas contrarios a la participación de las mujeres. Calderón no había hablado del 68 ni lo haría en este acto sino de manera sesgada, reconociendo el valor de los jóvenes mexicanos estudiosos y dedicados y estableciendo referentes cómodos para él, como el caso de Eufrosina. Las circunstancias le obligaron a atender improvisadamente el tema indeseado, con tan poca habilidad que acabó confirmando, involuntariamente y entre tropiezos, un día después del Dos de Octubre, los peligros de las instituciones civiles rebasadas y del poder militar sustituto.

Y, mientras los narcos van subiendo el rango políticos de sus víctimas, esta vez al asesinar al presidente municipal de Ixtapan de la Sal, y el cártel del Golfo se desmarca mediante Manta News de las granadas de Morelia y ofrece millonaria recompensa en dólares para encontrar a los culpables, y en Chiapas mueren campesinos enmedio del desgobierno del alegre Juan Sabines II, ¡hasta mañana, con los primeros partes de la guerra electoral de Guerrero, en la que el PRD-Chucho/Gobierno va con todo el arsenal mapache en Acapulco!

Julio Hernández López
Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

martes, 30 de septiembre de 2008

Tlatelolco 68: ‘Nosotros somos del Batallón Olimpia’

Tlatelolco 68: ‘Nosotros somos del Batallón Olimpia’, confesaron los primeros en disparar

Francisco Ortiz Pinchetti

Esta crónica, escrita por el periodista Francisco Ortiz Pinchetti en tiempo presente y en primera persona como testigo presencial que fue de los hechos, se mantuvo inédita por 20 años, hasta que fue publicada en la revista ‘Proceso’ el 3 de octubre de 1988. La ofrecemos aquí con motivo de los 40 años de la masacre.

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Hacia las cinco y cuarto de la tarde del miércoles 2 de octubre llego a la Plaza de las Tres Culturas. El Consejo Nacional de Huelga había convocado para las cinco a un mitin, al que seguiría una marcha estudiantil hasta el casco de Santo Tomás para exigir la salida de las tropas de ese plantel del Instituto Politécnico Nacional. Sobre la explanada, a la que rodean la iglesia de Santiago Tlatelolco, las ruinas prehispánicas, la Vocacional 7 y los modernos y enormes edificios habitacionales, se revuelven numerosos grupos de estudiantes. Unos llevan mantas y pancartas; otros, banderines de sus escuelas y facultades. Hay otros que, en coro, entonan arreglos satíricos de canciones populares contra el gobierno. Por todos lados, como hormigas, llegan más y más muchachos.



Hay también gente del pueblo. Muchos, vecinos que viven en los edificios de los alrededores y que han decidido asistir al mitin. Niños, que están ahí, curioseando. La concurrencia femenina es muy numerosa. No solamente muchachas estudiantes. También hay empleadas, amas de casa... y una vendedora de tortas. Un hombre que pasea por la plaza llama la atención. Lo acompañan dos niños y lleva un letrero de cartón: "No vino mi esposa, porque está enferma; pero vinieron mis hijos". La plaza se llena, poco a poco. Hay un ambiente alegre, relajado. En las alturas, desde la terraza del tercer piso del edificio Chihuahua —que limita la plaza por el Oriente— varios estudiantes y fotógrafos de prensa contemplan el panorama. Abajo, entre el gentío, caminan presurosos tres camarógrafos extranjeros. Uno de ellos, de la cadena estadunidense NBC. Los muchachos lo llaman, lo invitan a que filme.

El mitin va a comenzar, cuando son las cinco y media de la tarde. La explanada esta casi llena. Muchos estudiantes se sientan en la escalinata que da justamente frente al Chihuahua. No cesan los coros y las consignas. Subo al tercer piso del edificio Chihuahua. Arriba, al llegar a la terraza, varios estudiantes, auxiliados por un cordón, impiden el paso. Solamente lo permiten a dirigentes del CNH, oradores del mitin y periodistas, éstos previa identificació n. Obtengo al fin el acceso y, desde el extremo Norte de la amplia terraza observo el inicio del mitin. El orador, situado en el extremo contrario del mismo tercer piso y a través de dos grandes magnavoces, dice que la zona está totalmente rodeada por el ejército. "Hay tropa en Manuel González, en Reforma, en Santa María la Redonda...". Y anuncia, que, por ello, se ha decidido suspender la marcha programada para después del mitin. "No podemos exponernos", explica. "Así que, en cuanto termine
este acto, todos nos iremos a nuestras casas en perfecto orden. No haremos caso a sus provocaciones" .
Y empieza el mitin.

A mi lado, la periodista italiana Oriana Falacci pide a un joven que la acompaña la traducción de las palabras dichas por el orador. Enseguida se dirigen a mí. Oriana quiere saber el nombre del templo que está ligeramente a la izquierda de nosotros. —Santiago, Santiago Apóstol— se le responde. Luego me pregunta sobre la cantidad de personas que se encuentran en la plaza. "No sé calcular bien", dice ella sonriendo. Miro hacia la explanada y le contesto que serán unas 15,000, en ese momento. Porque de varios rumbos sigue fluyendo gente.

Uno de los oradores hace mención de las represiones sufridas por los enviados del CNH en diversos estados de la República. Luego se leen varias cartas en las que se apoya al movimiento. Unas son de grupos obreros y de estudiantes del extranjero. Todo se lleva en perfecto orden. El gentío, que ahora cubre la totalidad de la explanada, permanece atento, quieto, despreocupado. Los muchachos aclaman las frases vibrantes de los oradores. Junto a mí está ahora José Antonio Arce, subdirector de la revista Gente. Charlamos brevemente. Luego va en busca de algunos líderes. Al regresar me comenta satisfecho que concertó una entrevista con los dirigentes del CNH en pleno. Y se dedica a tomar fotografías. El orador en turno pide que se emprenda un boicot contra El Sol de México, por su actitud desinformadora y manipuladora acerca del movimiento. "Que en un mes —insta— no se venda un solo ejemplar de El Sol". Invita a los concurrentes a aprobar la
medida: un mar de manos cubre la plaza.

Desde el inicio del mitin dos helicópteros sobrevuelan el área. Los muchachos le silban cada vez que aparecen sobre sus cabezas. A lo lejos, proveniente del lado Poniente de la plaza, o sea de la avenida Santa María la Redonda, se aproxima una columna de ferrocarrileros. Portan una manta enorme en que manifiestan su adhesión al movimiento estudiantil. El orador anuncia su presencia y el júbilo estalla. La multitud recibe a los rieleros como héroes, entre vítores, porras y aplausos. El contingente pasa entre la gente que lo aclama para situarse en la orilla de la explanada, precisamente frente al Chihuahua. Unos minutos después, el orador interrumpe de nuevo su alocución. Otro contingente de ferrocarrileros viene a sumarse a la causa. "Desconocemos las pláticas Romero-GDO", dice la manta que enarbolan. Otra vez el júbilo, las porras, los aplausos. Pasadas las seis de la tarde el mitin continúa con el mismo orden en que comenzó. En los rostros
hay expresión de alegría, de innegable satisfacción.

Alrededor de las 6:10 es cuando, por detrás de la iglesia de Santiago, presumiblemente desde el vestíbulo del edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, ascienden hacia el cielo dos cohetones que, al estallar, se resuelven en dos bengalas de intenso color verde. Quienes estamos en la terraza vemos cómo las bengalas descienden lentamente. Al mismo tiempo, abajo, en la plaza, la gente antes inmóvil se inquieta, empieza a moverse. Se oyen gritos: "¡Ahí vienen!" y la muchedumbre se mueve, se agolpa, hacia la parte Sur de la plaza. Desde la tribuna de la terraza el orador pide calma. "¡No es nada!", grita. "Solo tratan de provocarnos. No es nada. Son luces...".

Abajo, un sector de la concurrencia trata de detener la desbandada, provocada por el terror de algo que no se sabe exactamente que es. Hay un coro: "¡orden!, ¡orden!, ¡orden!...".
En eso, justo abajo de donde nos encontramos, se escucha un estruendo. Se escucha o se siente. Como una explosión, no demasiado fuerte. La confusión cunde, en la plaza y en la terraza. Hay gritos, carreras, ruido. Miro a la plaza y veo una dramática desbandada; pero no puedo seguirla presenciando: a nuestras espaldas —ascendiendo por la escalera que yo había utilizado media hora antes— tenemos a numerosos individuos armados con metralletas y pistolas. Visten ropa de civil. Gritan nerviosamente. La confusión es terrible.

A empellones, los sujetos armados nos obligan a replegarnos hacia la pared, donde se encuentran las puertas de dos elevadores. Gritan e insultan. Amenazan con sus armas. De espaldas a la pared, en medio de aquella confusión, de aquel correr, gritar, aventar, alcanzo a ver como un jovencito —de unos 15 años de edad— se empeña en mantener en su sitio uno de los magnavoces. Se mueve, como si un fortísimo viento lo hiciera tambalear. Los hombres armados nos ordenan acostarnos sobre el piso, con las manos en la nuca. Al hacerlo veo como uno de ellos, armado con una pistola escuadra, dispara hacia abajo varias veces. Hacia el gentío, supongo. Son los suyos los primeros balazos. Todo ha transcurrido en segundos. Desde que aparecieron las bengalas hasta que somos obligados a tendernos, no ha pasado más de un minuto. Todo, en segundos. Como en segundos —y después de que veo al hombre disparar— se desata una balacera colosal. Entre el estruendo
sobresale el ruido peculiar de las ametralladoras. Nuestra terraza es blanco de millares de balas.

Tirados boca abajo, amontonados, con la respiración entrecortada, impedidos para buscar refugio o escapar del horror, sentimos cómo las balas pasan a unos centímetros de nuestras cabezas y hacen impacto en la pared, desprendiendo trozos de mosaico y haciendo caer yeso y tierra sobre nosotros. Nuestros captores no cesan de ordenar: "¡Nadie se mueva!", gritan. "¡Traidores!, ¡comunistas!, ¡cabrones!. ¡No levanten la cabeza!. ¡El que se mueva se lo lleva la chingada!". La balacera llega a su apogeo. Nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurre. Ni siquiera la identidad de los sujetos que apuntan sus armas hacia nosotros sin retirar el dedo del gatillo. Menos podía saberse lo que ocurría allá abajo, en la plaza. Levanto ligeramente la cabeza y observo que nuestros captores están también tirados en el piso; pero ellos boca arriba y sin dejar de apuntarnos. "¡Baje la cabeza, hijo de la chingada!"

El alud de balas no cesa. Noto que de la terraza del Chihuahua ya no se hace ningún disparo —al principio se escuchaban perfectamente y olía a pólvora—; pero llegan en ráfagas interminables. Varias veces siento golpes en el cuerpo que me hacen suponer que he sido alcanzado por las balas. Siento un golpe seco en la pierna izquierda, que empieza a temblarme sin control. No hay dolor. Sólo el temblor en la pierna y la respiración agitada. Empiezan a escucharse angustiosos ayes, gritos de auxilio, llantos. Se escucha también el ruido del agua que cae por alguna parte. Y el ronroneo de una compresora, parte del equipo de sonido instalado para el mitin que sigue funcionando. Y los balazos. Oigo los gritos de nuestros captores, que ahora parecen tratar de identificarse con quienes disparan desde abajo. "¡Blanco!, ¡blanco!", gritan una y otra vez.

Me vuelvo y observo que varios de ellos, sin dejar de apuntarnos, agitan una mano, mostrándola hacia el exterior a través de un trozo abierto de la terraza. "¡Blanco!, ¡blanco!, ¡blanco!", gritan y vuelven a gritar. Al fin, cesa el fuego. De inmediato escuchamos la orden: "¡nadie se mueva!..." y "hasta que el mayor lo ordene". Ahora, los quejidos, los lamentos, el ruido producido por la compresora y por el agua al caer, recobran su brío. Vuelven a escucharse disparos, aunque lejanos y aislados. Los sujetos armados vuelven a gritar: "¡Somos Batallón Olimpia!..." . La respuesta es una ráfaga de ametralladora. Y otro silencio. Luego, voces: "Hay un herido. Que suban la camilla". Se oye un disparo, fuerte, hecho en la misma terraza. "¡Nadie dispare!", ordena alguien, tajante. A pocos instantes, otra vez la balacera. Escucho perfectamente cómo las ametralladoras, implacables, barren piso por piso el edificio. También nuestro piso. La
desesperación se apodera de nuestros captores. Muchas veces gritan que son "Batallón Olimpia". Nos hacen gritarlo a coro a todos. "Una, dos, tres: ¡somos Batallón Olimpia!..." . Todo en vano. Siguen las balas. Alguien sugiere que se desconecte la compresora, para evitar su ruido. Otro propone que se utilice el equipo de sonido para hecerse identificar. Una voz rotunda ordena silencio. Captores y detenidos parecemos identificarnos ante la común angustia. Otra orden: "Que pasen en cadena un walkie talkie". Al parecer, tampoco esto es posible, pues a poco se ordena que alguien baje para avisar y pedir auxilio: "Que digan que somos Batallón Olimpia. Que tenemos como cincuenta detenidos. Que suban una camilla...".

Por fin cesa el fuego. Unos minutos de incertidumbre, todos inmóviles, preceden a la orden de evacuar la terraza. Uno por uno, sin permitirles levantarse, los detenidos son cacheados y arrastrados hacia la escalera. Espero mi turno. Alguien me jala de la ropa. Miro. Uno de los del "Olimpia" me revisa rápido, nervioso, bruscamente. "Soy periodista", le digo. Su respuesta es un insulto. Me empuja rumbo a la escalera. El, como yo, tendido en el piso, pero sin dejar su arma. En la orilla de la escalera, sobre un charco, me recibe otro sujeto. Apuradamente, sin levantarme, me identifico. Este es cordial. Me ordena bajar rápidamente. Lo hago parte a gatas y parte a pie, hasta llegar al descanso del segundo piso. Veo a otro sujeto y le pregunto qué hacer. Me señala la puerta abierta de un departamento. Al entrar, varios sujetos me golpean, uno de ellos con algo duro, en la cabeza. A gritos les indico que soy periodista. Un hombre alto y grueso, que parece
ser el jefe, me jala y me lleva a un pequeño baño. Allí están otros dos individuos armados. El "mayor" —oigo que así le llaman— observa mi credencial de Jueves de Excélsior y cambia de actitud. Me invita a permanecer en el baño y me ofrece tranquilidad. Uno de sus acompañantes se disculpa ("¿Qué pasó con su guante blanco?. Mira. ¿No te dijeron?. Te hubieras puesto un pañuelo"). Y me ofrece una toalla para secarme.

Mientras eso hago observo a través de la puerta del baño hacia la estancia del departamento. Está atestado de jóvenes detenidos. Hombres y mujeres. Todos están sentados en el piso y se les ha ordenado quitarse los zapatos. Aunque la luz esta apagada, gracias a la que se filtra del exterior puedo ver los rostros aterrorizados. También logro ver, con dificultad, parte de una habitación contigua a la estancia. Allí, dos sujetos golpean brutalmente a un muchacho, hasta hacerlo desplomarse. Sobre una cama hay alguien que se queja. También en la estancia hay varios heridos. Lo noto cuando el "mayor" pregunta si los hay. Entre gritos y empellones es introducida al departamento una muchacha, la cual es colocada en un rincón, junto a la puerta del baño y a unos metros de mí. Uno de los que la trajeron le increpa: "Traidora desgraciada —le dice— ¿qué es lo que quieren?, ¿para qué meten violencia si en México tenemos paz?. Aquí no le falta
nada a nadie. Son unos traidores... ". Luego ordena que sea cacheada: "¡Revísenle hasta las nalgas; no les dé pena!... Esta es una fichita". Y se la llevan a jalones. Poco después la traen, desaliñada y medio desnuda. Llora sin cesar. Vuelve a ser insultada e interrogada. Da su nombre, su dirección y otros datos.

Los minutos transcurren lentamente. Permanezco sentado sobre la tapa del excusado. Fumo. Junto a mí está un guardián armado, que me comenta: "Yo nunca había echado bala así. Esto es horrible. Mataron a mi compañero. Los dos llegamos hace poco de Tabasco". Le pregunto a qué corporación militar o policiaca pertenece. "No", responde. "Nosotros somos del Batallón Olimpia". Y ante mi ansiedad por salir de esta pesadilla, me aconseja calma. "Te conviene esperar", dice. "Aquí estas seguro. Si ahorita bajas, te dan. Mejor espérate". Comprendo y espero. Al rato oigo que empiezan a bajar a los detenidos, uno a uno. Regresa el "mayor". Viene por mí. Me saca y, juntos, bajamos la escalera. A lo largo de toda ella hay una valla de agentes que golpean despiadadamente a los detenidos que son bajados. El "mayor" tiene que abrazarme y, a la vez que lleva la mano enguantada al frente, va gritando "¡blanco!, ¡blanco!" para evitar que sea yo golpeado.

Rápido llegamos a la planta baja. El "mayor" me encomienda a otro individuo, que me obliga a colocarme de cara a una columna, con los brazos en alto. Así permanezco tal vez diez, quince minutos. Durante ese lapso otros tres sujetos se acercan, con ánimo de golpearme. "Parece que es periodista", los ataja mi guardián. Por fin llega la orden; "Dice el coronel que lo suelten. Que se vaya. Nada más que salga usted por donde pueda y vaya gritando 'blanco', por si acaso...". Así lo hago. Camino por el amplio vestíbulo de la parte posterior del Chihuahua —el lado contrario del que da a la plaza—. Al pasar por otra de las entradas encuentro a Fausto Fernández Ponte, reportero de Excélsior. Quiere subir, porque vive ahí y su familia está arriba. Me alcanza luego un fotógrafo de Diario de la Tarde. Juntos seguimos avanzando al grito de "¡blanco!, ¡blanco!". Al cruzar el pasillo que separa al Chihuahua de la explanada de la iglesia veo a varias
personas tiradas. Solo las veo quietas. No sé si muertas. No puedo averiguarlo.

El fotógrafo y yo rodeamos la iglesia. Dos o tres veces somos detenidos por militares. Una de ellas por un teniente. Nos pide identificarnos. Luego nos pregunta:
—¿Estaban en el edificio?
—Sí señor.
—¿Quiénes estuvieron disparando desde ahí?
—Los del Batallón Olimpia.
—¿Cómo? —inquiere, notoriamente asombrado, confuso— ¿no eran los estudiantes?
—No. Eran los del Olimpia. Ellos estuvieron tratando de identificarse, pero no lo lograban.

Y, pensativo, desencajado, el oficial nos franquea el paso. Al aproximarnos al vestíbulo del edificio de Relaciones, en una de las zanjas de las ruinas prehispánicas, veo a muchos jóvenes amontonados. Supongo que son detenidos. Cautelosamente recorremos el vestíbulo. Junto a una columna, pecho a tierra, está un soldado vigilante. Damos vuelta. Al fin estamos fuera del horror, en la calzada Nonoalco. En la orilla de la acera, un cordón de soldados —bayoneta calada, rostro recio— impide el acceso a la zona. Frente a ellos, una muchedumbre —estudiantes, mujeres, vecinos— vocifera indignada: "¡Asesinos!", les gritan en su cara a los militares. Estos, en un momento dado, avanzan hacia la gente y la hacen dispersarse momentáneamente. A media cuadra vuelven a reunirse y a gritar. Son casi las nueve de la noche.

(Octubre 4 de 1968.)

Más en www.libreenelsur.com.mx

FREI BETTO. La despolitización de la política



29.09.08
Brasil

Una campaña electoral se gana con la televisión. En toda elección los partidos contratan equipos para cuidar la imagen de sus candidatos. Generalmente el equipo está dirigido por un publicista que no pertenece al partido, ni simpatiza con el partido, ni vota por el partido. Pero que tiene fama de competente.

Ahora bien, competencia rima con conciencia. Cualquier manual de mercadeo, de esos que enseñan a vender polución atmosférica para ecologistas, aconseja al vendedor estar convencido de la calidad de su mercancía. Por eso, en muchas campañas el programa de televisión fracasa. Entonces se cambia de publicitas, de equipo y de estilo. Y se confunde al elector, pues, de una u otra manera, el candidato moderado se vuelve extremista o viceversa.

Es más dramático aún constatar que se cambia la ética por la estética. No importa si el candidato es un malandrín, corrupto o incompetente. Una buena imagen habla más que mil palabras. Y así se va dando una progresiva despolitización de la política, lo cual es uno de los objetivos del neoliberalismo. Se saca la política del ámbito público como herramienta de promoción del bien común, para reducirla al ámbito privado, a la selección de candidatos basada, no en propuestas y programas, sino en simpatías y empatías.

La razón es sencilla: en el sistema capitalista la política es teóricamente pública y la economía privada. Se universaliza el voto y se privatiza la riqueza. Si en Brasil hay más de cien millones de electores, en sólo 19 millones se concentra el 75.4% de la riqueza nacional (Ipea, mayo 2008).

En una verdadera democracia la universalización del voto debiera coincidir con la socialización de las riquezas, en el sentido de asegurar a todos una renta mínima y los tres derechos básicos, por orden: alimentación, salud y educación. Como eso no aparece en la agenda del sistema, se intenta invertir el proceso: se inocula en la población el horror a la política, de modo que ésta quede relegada al dominio privado de unos pocos. Quien tiene desdén por la política es gobernado por quien no lo tiene. Y los malos políticos hacen lo imposible para utilizar el poder público en beneficio de sus intereses privados.

Véase, por ejemplo, el movimiento en pro del voto facultativo. Lo que muchos hacen ver como positivo y concordante con la libertad individual es una manera de excluir a una parcela considerable de población de las decisiones políticas. De ese modo aumenta el grado de alienación de los potenciales electores. Cuando preguntan mi opinión digo con franqueza: estoy a favor, siempre y cuando sea facultativa también la actual obligación de pagar impuestos. ¿Por qué voy a estar obligado a sustentar económicamente al Estado y desentendido de influir en su configuración y en su rumbo?

El desinterés por la política es uno de los síntomas nefastos de la ideología neoliberal, que trata de desunir a los ciudadanos para individualizarlos como consumidores. Se cambia el principio cartesiano "pienso luego existo" por el principio mercantilista "consumo luego existo". Y en este sentido es como la propaganda electoral se reviste también de mercancía. No se ofrecen ideas, programas de gobierno, estrategias a largo plazo, sino promesas, estadísticas, imágenes de impacto.

Si hay aspectos positivos en las restricciones oficiales a las campañas electorales, porque dejan la ciudad limpia y evitan que los comicios atraigan público, no en función del candidato sino de los artistas en el escenario, es obvio que favorecen a quien tiene más dinero. Y en tanto no llega la prometida reforma política, así como el financiamiento y el control público de las campañas, la segunda caja prosigue haciendo la alegría de quien pasa por ético pero al mismo tiempo recauda recursos turbios y criminales.

Es hora de abrir el debate sobre las elecciones 2008 en todos los espacios institucionales y populares: escuelas, empresas, denominaciones religiosas, clubes, asociaciones, sindicatos y movimientos sociales. No se trata de favorecer a éste o a aquel candidato, sino de fomentar el distanciamiento crítico frente al mercadeo electoral y resaltar los criterios de discernimiento político.

Si la sociedad no se empeña en la educación política de sus ciudadanos dentro de poco tendremos parlamentos y ejecutivos ocupados solamente por corruptos, milicianos, negociadores y fundamentalistas. Y el Brasil se verá reducido a una inmensa Chicago de los años 30, con los Al Capone jugando sus cartas en contra de las leyes, por un lado, y a los Bin Laden en versión guaraní por el otro, convencidos de que, en nombre de su religión, fueron escogidos por Dios para gobernar erradicando el pecado, o sea combatiendo a sangre y fuego a todos cuantos no rezan por su catecismo.

[Autor de "Cartas desde la prisión", entre otros libros.
Traducción de J.L.Burguet]
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=35264

lunes, 29 de septiembre de 2008

DAME TU MANO

*"Yo necesito que me des tu mano"*

*Para poder transitar en este mundo,*

*donde he perdido un gran tesoro,*

*donde tú también tienes uno.*

*Yo necesito que me des tu mano,*

*para que puedas conservar el tuyo,*

*aquí, en este mundo,*

*para que no se repita esta pérdida,*

*para que de una vez por todas,*

*los sordos oigan nuestro reclamo,*

*los ciegos vean nuestro dolor,*

*para que esta lucha no sea en vano.*

*Yo necesito que me des tu mano,*

*para que se haga justicia,*

*para que haya memoria,*

*para que la verdad no sea acallada,*

*para lograr un mundo mejor donde vivir.*

*Yo necesito que me des tu mano,*
*para que el futuro siga siendo futuro,*
*y crezca en un país digno,*
*para que tu hijo no forme parte del pasado,*
*para que tu hijo no sea para ti un dulce recuerdo.*
*Yo necesito que me des tu mano,*
*para que nadie mate a nuestros seres amados,*
*para hacer una fuerte cadena contra la impunidad y la corrupción.*
*Yo necesito que me des tu mano.*

*Graciela Mónica Peloso*

AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH

domingo, 28 de septiembre de 2008

OLIMPIADAS. 13-08-2008

Eduardo Galeano

www.juventudrebelde.cu



A los griegos les encantaba matarse entre sí, pero además de la guerra practicaban otros deportes.

Competían en la ciudad de Olimpia, mientras las olimpiadas ocurrían, los griegos olvidaban la guerra por un rato.

Todos desnudos: los corredores, los atletas que arrojaban la jabalina y el disco, los que saltaban, boxeaban, luchaban, galopaban o competían cantando. Ninguno llevaba zapatillas de marca, ni camisetas de moda, ni nada que no fuera la propia piel brillosa de ungüentos.

Los campeones no recibían medallas. Ganaban una corona de laurel, unas cuantas tinajas de aceite de oliva, el derecho a comer gratis durante toda la vida y el respeto y la admiración de sus vecinos.

El primer campeón, un tal Korebus, se ganaba la vida trabajando de cocinero, y a eso siguió dedicándose. En la olimpiada inaugural, él corrió más que todos sus rivales y más que los temibles vientos del norte.

Las olimpiadas eran ceremonias de identidad compartida. Haciendo deporte, esos cuerpos decían, sin palabras: Nos odiamos, nos peleamos, pero todos somos griegos. Y así fue durante mil años, hasta que el cristianismo triunfante prohibió estas paganas desnudeces que ofendían al Señor.

En las olimpiadas griegas nunca participaron las mujeres, los esclavos ni los extranjeros.

En la democracia griega, tampoco.

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(Tomado del más reciente libro de Eduardo Galeano, Espejos: Una historia casi universal, publicado este año. El escritor uruguayo explica la razón de esta obra, imagen en el espejo de la Historia: «Este libro ha sido escrito para que no se vayan. En estas páginas se unen el pasado y el presente. Renacen los muertos, los anónimos tienen nombre: los hombres que alzaron los palacios y los templos de sus amos; las mujeres, ignoradas por quienes ignoran lo que temen; el sur y el oriente del mundo, despreciados por quienes desprecian lo que ignoran; los muchos mundos que el mundo contiene y esconde; los pensadores y los sentidores; los curiosos, condenados por preguntar, y los rebeldes y los perdedores y los locos lindos han sido y son la sal de la tierra».)

La ideología del libre mercado está lejos de haber concluido


Naomi Klein*

Lo que sea que signifiquen los sucesos de estos días recientes, nadie debería creer las exageradas afirmaciones de que la crisis del mercado implica la muerte de la ideología del “libre mercado”. La ideología del libre mercado siempre ha sido un sirviente de los intereses del capital, y su presencia fluye y refluye dependiendo de su utilidad a esos intereses.

Durante los tiempos de prosperidad resulta rentable pregonar el laissez-faire, porque un gobierno ausente permite que las burbujas de la especulación se inflen. Cuando esas burbujas se revientan, la ideología se vuelve un estorbo, y duerme mientras el gran gobierno llega al rescate. Pero no se preocupen: la ideología regresará cuando los rescates hayan terminado. Las masivas deudas que la gente está acumulando para rescatar a los especuladores se volverán parte de una crisis presupuestaria global que será la justificación para profundos recortes en los programas sociales y para un renovado empuje hacia privatizar lo que queda del sector público. También nos dirán que nuestras esperanzas de un futuro verde son, lamentablemente, demasiado costosas.

Lo que no sabemos es cómo va a responder la gente. Consideren que en Estados Unidos toda la gente menor de 40 años creció con el pregonar de que el gobierno no podía intervenir para mejorar sus vidas, que el gobierno es el problema no la solución, que el laissez-faire es la única opción. Ahora presenciamos un gobierno extremadamente activista, intensamente intervencionista, al parecer dispuesto a hacer lo que sea necesario para salvar a los inversionistas de sí mismos.

Este espectáculo necesariamente plantea la pregunta: si el Estado puede intervenir para salvar a las empresas que tomaron imprudentes riesgos en los mercados inmobiliarios, ¿por qué no puede intervenir para evitar el inminente hecho de que millones de estadunidenses enfrenten un juicio hipotecario? De la misma manera, si 85 mil millones de dólares pueden instantáneamente ser puestos a disposición para comprar a la aseguradora gigante AIG, ¿por qué el seguro médico universal –que protegería a los estadunidenses de las prácticas depredadoras de las compañías aseguradoras de servicios de salud– parece ser un sueño inalcanzable? Y si cada vez más empresas necesitan fondos del erario para mantenerse a flote, ¿por qué los contribuyentes no pueden exigir cosas a cambio, como topes a los salarios de los ejecutivos y una garantía contra más pérdidas de empleos?

Ahora que quedó claro que los gobiernos sí pueden actuar en tiempos de crisis, será más difícil que en el futuro aleguen que no pueden hacer nada. Otro cambio potencial tiene que ver con las esperanzas que tiene el mercado de futuras privatizaciones. Durante años, los bancos de inversión globales han cabildeado con los políticos para obtener dos nuevos mercados: uno que vendría de privatizar las pensiones públicas y el otro que vendría de una nueva ola de carreteras, puentes y sistemas de agua potable privatizados o parcialmente privatizados. De pronto, ambos sueños ya se volvieron mucho más difíciles de vender: los estadunidenses ya no están de humor para confiar más sus activos individuales y colectivos a los imprudentes jugadores en Wall Street, sobre todo porque parece ser muy probable que los contribuyentes tendrán que pagar para comprar de regreso sus activos cuando la próxima burbuja estalle.

Con las pláticas de la Organización Mundial del Comercio descarriladas, esta crisis podría ser el catalizador de un enfoque radicalmente alternativo a la regulación de los mercados mundiales y los sistemas financieros. Ya vemos un giro hacia la “soberanía alimentaria” en el mundo en desarrollo, en vez de dejar el acceso a los alimentos a los caprichos de los intermediarios con materias primas. Quizá al fin llegó la hora para ideas como imponer impuestos a las transacciones bursátiles, lo cual disminuiría la velocidad de la inversión especulativa, así como otros controles del capital global.

Y ahora que la nacionalización no es una palabra sucia, las compañías de petróleo y de gas deberían estar alertas: alguien tiene que pagar por el tránsito hacia un futuro más verde, y lo lógico es que la mayor parte de los fondos provengan del altamente rentable sector que es más responsable de nuestra crisis climática. Definitivamente es más lógico que crear otra peligrosa burbuja en el comercio del carbón.

Pero la crisis que enfrentamos requiere de cambios más profundos. La razón por la cual se permitió la proliferación de estos préstamos basura no fue sólo porque los reguladores no entendían el riesgo. Es porque tenemos un sistema económico que mide nuestra salud colectiva exclusivamente con base en el crecimiento del PIB. Mientras los préstamos basura alimentaban nuestro crecimiento económico, nuestros gobiernos activamente los apoyaban. Así que lo que realmente está en predicamento con la crisis es el incuestionable compromiso con un crecimiento a cualquier costo. A lo que nos debería llevar esta crisis es a que nuestras sociedades midan la salud y el progreso de una manera radicalmente diferente.

Sin embargo, nada de esto ocurrirá sin una fuerte presión social sobre los políticos en este momento clave. Y no un cordial cabildeo, sino regresar a las calles y realizar el tipo de acción directa que propició el New Deal en los años 30. Sin él, habrá cambios superficiales y un regreso, lo más pronto posible, a más de lo mismo.

Copyright 2008 Naomi Klein.

Traducción: Tania Molina Ramírez

* Es autora de La doctrina del shock. www.naomiklein.org

QUÉ DIERA CALDERÓN...

Gracias a elbote del senderodelpeje por la cobertura de la Marcha del dom 28 de sep 08.

QUÉ DIERA CALDERÓN POR SER ACLAMADO COMO AMLO, SIQUIERA POR UN MINUTO...

http://senderodelpeje.com/sdp/contenido/2008/09/28/46304

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Memorándum para el Sr. Presidente

PROCESO.COM.MX

O P I N I Ó N

D E N I S E D R E S S E R

Usted, Sr. Presidente, está solo porque no logró entender que el poder corrompe, pero la ausencia de poder también lo hace.


Y a usted le ha faltado ejercicio de poder para limpiar, sacudir, cambiar, escuchar a una ciudadanía ansiosa de verlo gobernar en su nombre y no a la medida de los mismos de siempre. Usted le ha apostado a la alianza con los defensores del status quo en vez de voltear a ver a los que deseábamos cambiarlo. Ahora nos pide nuestra ayuda, pero por favor entienda nuestro escepticismo. El apoyo ciudadano no es algo que se exige; es algo que se gana

Para: Felipe Calderón
De: Una ciudadana cualquiera
Asunto: Llamado a la unidad

Sr. Presidente, he escuchado con atención la convocatoria que ha hecho a todos los mexicanos, en esta hora crítica. Lo vi allí parado, al pie de la columna del Ángel de la Independencia, hablando con vehemencia. Reclamándonos, exhortándonos, exigiéndonos. Cito sus palabras: 'La Patria exige la unidad nacional. Unidad que supone apoyar la tarea del Estado para hacer frente a los criminales'.
Y pensé: 'tiene razón, pero poca credibilidad para exigir lo que exige'. Tiene razón en convocar a los ciudadanos, pero pocos motivos para esperar que confíen en él o en su gobierno. Tiene razón, pero pocos recursos con los cuales convencer a los demás.
Porque con demasiada frecuencia en los últimos meses, el Presidente de la República no ha sabido cómo serlo; ha cedido poder en lugar de conquistarlo ha ido perdiendo la dosis de autoridad que ganó en el primer año, ha tomado decisiones equivocadas o ha eludido las que le correspondían. Por ello, hoy que pide una gran alianza entre el estado y la sociedad, descubre cuan solo está.
Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo vis a vis; la ciudadanía que decidió darle el beneficio de la duda cuando, en lugar de exigir la renuncia de Juan Camilo Mouriño ante el evidente conflicto de interés en el que había incurrido, decidió mantenerlo a toda costa. Usted y su equipo argumentaron que su renuncia habría sido equivalente a una claudicación ante AMLO y que en realidad no había violado la ley.



Usaron el argumento de la legalidad para ignorar el imperativo de la confianza ciudadana en la limpieza del gobierno. Ignoraron el reclamo de la sociedad debido a una pugna política, y con ello pusieron en entredicho la posibilidad de una Reforma Energética que no beneficiara a los mismos de siempre.
A partir de ese momento, Sr. Presidente, usted ya no tenía autoridad moral para hablar de 'limpiar la casa'. Para proteger a su amigo, a su aliado, a su hombre de confianza, sacrificó la oportunidad de sacudirla y mostrarle a la sociedad que había tenido el valor de hacerlo. ¿Y ahora, después de eso, nos pide que le ayudemos?


Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando después de enfrentar a las televisoras a través de la reforma electoral que debilitaba su poder de chantaje, decidió que, después de todo, era mejor aliarse con ellas. En lugar de coger la bandeja de plata que la Suprema Corte le envió al declarar inconstitucional a la 'Ley Televisa', usted y su gobierno decidieron guardarla en un cajón. En vez de armar una nueva ley de medios con la capacidad de democratizar y desconcentrar un sector clave para la evolución democrática del país, usted decidió posponerla para mejores tiempos que nunca llegaron.


Y luego, con un manotazo, usted exigió la salida de Santiago Creel por su mala relación con esos poderes que han llegado incluso a borrarlo de la pantalla. Demostró con ello que en lugar de domesticar a los poderes de facto, había optado por la convivencia convenenciera con ellos.



Usted lo reconfirmó al anunciar las concesiones de radio FM para los propietarios de AM, guiado por los mismos criterios discrecionales y electorales que caracterizaron a los gobiernos del PRI. ¿Y ahora, después de eso, nos exige que lo apoyemos?


Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando empezó a negociar con lo peor del PRI y de tan mala manera. La negociación con la tercera fuerza de oposición en el Congreso no tiene nada de malo per se. Es requisito indispensable en una democracia presidencial dividida, en la cual el partido gobernante no tiene mayoría. Pero usted ha permitido que hoy, esa tercera fuerza se comporte y gobierne como si fuera la primera.
A cambio ha obtenido algunas reformas que apuntan en la dirección correcta, pero que están muy lejos de resolver los problemas fundamentales del país. Y a cambio ha cedido demasiado sin obtener lo suficiente de vuelta. Ha otorgado una cantidad creciente de recursos a los gobernadores sin exigir la vigilancia sobre ellos. Ha aceptado los tiempos y los términos y las condiciones de Manlio Fabio Beltrones en casi todo momento. Ha permitido que esa oposición semi-leal le ate las manos mientras le propina golpes.
Si no me cree, recuerde cómo el Senador Beltrones le da una patada al gobierno cada tercer día y nadie desde allí le regresa el zape. Usted y los suyos guardan silencio, en aras de obtener algo a cambio. Pero lo único que logran es empoderar cada vez más a su peor enemigo tal y como lo revelan las encuestas recientes. ¿Y entonces, después de eso, nos convoca a pararnos a su lado?
Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando decidió que la única forma de gobernar este país era de la mano de los intereses enquistados.



De allí la alianza electoral con Elba Esther Gordillo y las constricciones para la Alianza por la Calidad de la Educación que eso entraña. De allí la convocatoria a Carlos Romero Deschamps a firmar el Acuerdo por la Seguridad, la Legalidad y la Justicia, con la contradicción inherente que eso implica. De allí que usted haya hablado de la necesidad de combatir los monopolios a lo largo de su primer año y que ahora ni siquiera menciona el tema. De allí que durante la campaña presidencial le haya sacado tarjeta roja a Mario Marín y ahora esa tarjeta se encuentre archivada bajo llave.


Usted pensó que para poder mantener la paz social había que someterse a los dictados de todos los que dicen asegurarla. La paradoja es que esa estrategia ahora se le revierte. Usted ha cedido tanto, conciliado tanto, coexistido tanto con los criminales y los impunes que ya le tomaron la medida. Como no actuó con la firmeza necesaria ante ellos, ahora lo perciben débil. Ahora los maestros del SNTE toman carreteras, y el crimen organizado corta cabezas, y los taxistas del aeropuerto cobran lo que quieren y los conductores de noticieros le preguntan si va a terminar el sexenio. ¿Y luego, después de eso, promete 'aplicar la fuerza del Estado' para protegernos?


Usted, Sr. Presidente, está solo porque no logró entender que el poder corrompe, pero la ausencia de poder también lo hace. Y a usted le ha faltado ejercicio de poder para limpiar, sacudir, cambiar, escuchar a una ciudadanía ansiosa de verlo gobernar en su nombre y no a la medida de los mismos de siempre. Usted le ha apostado a la alianza con los defensores del status quo en vez de voltear a ver a los que deseábamos cambiarlo.
Ahora nos pide nuestra ayuda, pero por favor entienda nuestro escepticismo. El apoyo ciudadano no es algo que se exige; es algo que se gana.

CONSUMIDOR

Estimado(a) suscriptor(a):
>
> El Poder del Consumidor protestó frente a las oficinas de la Secretaría de Educación Pública exigiendo el retiro de la comida chatarra de las escuelas como una de las medidas urgentes y básicas para enfrentar el deterioro de los hábitos alimentarios de los escolares. Y es que, en los últimos años, esta degradación de la dieta ha llevado a la población infantil mexicana a presentar el mayor crecimiento de sobrepeso y obesidad en el mundo. En la protesta participaron Sana Zanahoria y Sana Manzana exigiendo el regreso de los alimentos saludables a los planteles.
> (http://www.elpoderdelconsumidor.org/sep_cunto_cuesta_la_salud_de_los_nios.html)
>
> Es una historia indignante: varias empresas procesadoras de alimentos decidieron agregar una sustancia de uso industrial (no diseñada para consumo humano), porque mejoraba la apariencia de su producto. Aunque esta medida comenzó a dañar la salud de los niños, las autoridades guardaron silencio. El resultado: más de 6 mil bebés afectados con cálculos renales, más de mil hospitalizados, 4 muertos. Este es el caso de la leche china adulterada con melamina. Este tipo de acciones, aquí y en China, constituyen un crimen. Por eso El Poder del Consumidor ha alertado sobre casos como la inclusión de aceite mineral en productos Bimbo y exige a las autoridades mexicanas que coloquen la salud de la población por encima de cualquier criterio mercantil.
> (http://www.elpoderdelconsumidor.org/bimbo_aade_aceite_mineral_a_sus_productos.html)
>
> El 22 de septiembre las empresas procesadoras de alimentos presentaron el código para “autorregular” su publicidad dirigida al público infantil. Entre las empresas que lo firmaron están algunas trasnacionales que también lo suscribieron en Estados Unidos hace 30 años, pero en vez de verse restringidas con ese esquema adquirieron mayor libertad para manipular a los consumidores infantiles mediante la publicidad. Por eso advertimos que con este tipo de esquemas sólo ganan las empresas.
> (http://www.elpoderdelconsumidor.org/con_la_autorregulacin_slo_ganan_las_empresas.html)
>
> ¿Qué hacer ante el gasolinazo? Las autoridades iniciaron una serie de aumentos semanales en los precios de las gasolinas y no van a dar marcha atrás. Ante ello, los consumidores debemos adoptar cambios profundos en nuestros hábitos de consumo de combustibles. La sociedad que más quema gasolinas en el mundo, la estadounidense, lo ha venido haciendo durante el último año. Cambiemos desde ahora. Aquí te ofrecemos una serie de sugerencias, ya sea que tengas vehículo particular o seas usuario del transporte público. Chécalas.
> (http://www.elpoderdelconsumidor.org/uso_eficiente_del_transporte.html)
>
> Ya tenemos a tu disposición wallpapers, para que los instales como fondo de pantalla en tu computadora. Úsalos, compártelos.
> (http://www.elpoderdelconsumidor.org/wallpapers.html)
>
> Por si no te enteraste, algunas NOTICIAS recientes:
> -Resultó un engaño la autorregulación publicitaria de empresas cerveceras.
> -Presentan empresas procesadoras de alimentos su código de “autorregulación”.
> -Banamex se acerca a la usura: eleva a 42% su tasa de interés.
> -Adulteraron con melamina a la leche china para simular que era rica en proteínas.
> -Los cobros por uso de tarjetas en México son los más altos de América.
> -Confirman que el deshielo en el Ártico está asociado al cambio climático.
> -Aparece sitio web que clasifica los automóviles por nivel de eficiencia.
> (http://www.elpoderdelconsumidor.org)
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> El Poder del Consumidor

martes, 16 de septiembre de 2008

Se estrena Saramago como bloguero




Una carta de amor a Lisboa, el primer texto publicado en el sitio por el Nobel portugués.

Notimex / La Jornada On Line
Publicado: 15/09/2008 12:32

Madrid. El escritor, periodista y dramaturgo portugués José Saramago inauguró El cuaderno de Saramago, un espacio en el que a través del blog de su fundación dará a conocer acontecimientos y expresará puntos de vista.

El Premio Nobel de Literatura 1998 se suma a los millones de blogueros en todo el mundo que utilizan la red como una forma de expresión y lo hará a través de la pagina de su fundación www.josesaramago.org.

El literato explica en "Palabras para una ciudad" que "removiendo unos cuantos papeles que ya tenían perdida la frescura de la novedad, encontré un artículo sobre Lisboa escrito hace unos cuantos años, y, no me avergüenza confesarlo, me emocioné".

"Quizá porque no se trate realmente de un artículo, es más bien una carta de amor, de amor a Lisboa. Decidí compartirla con mis lectores y amigos haciéndola pública otra vez, ahora en la página infinita de Internet y con esta carta inaugurar mi espacio personal en este blog", expresa.

La carta dice "tiempos hubo en que Lisboa no tenía ese nombre. La llamaban Olisipo cuando llegaron los romanos, Olissiboná cuando la tomaron los moros, aunque acabó siendo Aschbonna, tal vez porque no supieran pronunciar la bárbara palabra".

Agrega que "cuando, en 1147, después de un cerco de tres meses, los moros fueron vencidos, el nombre de la ciudad no cambió de una hora para otra: si aquél que iba a ser nuestro primer rey le mandó una carta a la familia anunciando la gesta, escribiría con toda probabilidad en el encabezamiento Aschbouna, 24 de octubre, o
Olissibona, pero nunca Lisboa".

Saramago cuenta que cuando Lisboa comenzó a ser Lisboa de hecho y de derecho, por lo menos tuvieron que pasar algunos años antes de que naciera el nuevo nombre, así como para que los conquistadores gallegos comenzaran a ser portugueses.

"Estas minucias históricas interesan poco, podría decirse, aunque a mí me interesaría mucho, no sólo saber, sino ver, en el exacto sentido de la palabra, como ha venido cambiando Lisboa desde aquellos días", escribe.

Si entonces existiera el cine, si los viejos cronistas fueran operadores de cámara, si las mil y una transformaciones por las que pasó Lisboa a lo largo de los siglos hubieran sido registradas, podríamos ver a esa Lisboa de ocho siglos crecer y moverse como un ser vivo, como esas flores que nos muestra la televisión, abriéndose en pocos segundos desde el capullo todavía cerrado hasta el esplendor final de las formas y los colores, asegura, "creo que amaría a esa Lisboa por encima de todas las cosas".

Refiere que "físicamente habitamos un espacio, pero, sentimentalmente, somos habitados por una memoria. Memoria de un espacio y de un tiempo, memoria en cuyo interior vivimos, como una isla entre dos mares: a uno le llamamos pasado, a otro le llamamos futuro".

"Podemos navegar en el mar del pasado próximo gracias a la memoria personal que retuvo el recuerdo de sus rutas, pero para navegar en el mar del pasado remoto tendremos que usar las memorias acumuladas en el tiempo, las memorias de un espacio continuamente en transformación, tan huidizo como el propio tiempo. Esa película de Lisboa, comprimiendo el tiempo y expandiendo el espacio, sería la memoria perfecta de la ciudad", comenta.

Saramago escribe que "lo que sabemos de los lugares es lo que compartimos con ellos durante un cierto tiempo en el espacio que son. El lugar está ahí, la persona aparece, luego la persona se va, el lugar continúa, el lugar hace a la persona, la persona transforma el lugar"

"Cuando tuve que recrear el espacio y el tiempo de la Lisboa donde Ricardo Reis vivió su último año, sabía de antemano que no iban a ser coincidentes las dos nociones de tiempo y de lugar: la del adolescente tímido que fui, encerrado en mi condición social, y la del poeta lúcido y genial que frecuentaba las más altas regiones del
espíritu", afirma.

Luego continúa escribiendo sobre la ciudad "mi Lisboa fue siempre la de los barrios pobres, y cuando, mucho más tarde, las circunstancias me llevaron a otros ambientes, la memoria que preferí guardar fue la de la Lisboa de mis primeros años, la Lisboa de gente de poco tener y mucho sentir, todavía rural en sus costumbres y en la
comprensión del mundo".

"Tal vez no es posible hablar de una ciudad sin citar unas cuantas fechas notables de su existencia histórica. Aquí, refiriéndonos a Lisboa, se mencionó una sola, la de su comienzo portugués: no será particularmente grave el pecado de glorificación. Lo sería, sí, ceder a esa especie de exaltación patriótica que, a falta de enemigos reales sobre los que hacer caer su supuesto poder, procura los estímulos fáciles de la evocación retórica", escribe.

"Las retóricas conmemorativas, no siendo forzosamente un mal, conllevan un sentimiento de autocomplacencia que induce a confundir las palabras con los actos, cuando no las coloca en el lugar que solo a éstos les compete", añade.

En aquél día de octubre, el entonces recién iniciado Portugal dio un gran paso hacia adelante, y tan firme fue que Lisboa no volvió a ser perdida. Pero no nos permitamos la napoleónica vanidad de exclamar: "desde lo alto de aquel castillo 800 años nos contemplan" y aplaudirnos luego unos a otros por haber durado tanto, rememora.

"Pensemos mejor que de la sangre derramada en un lado y otro está hecha la sangre que llevamos en las venas, nosotros, los herederos de esta ciudad, hijos de cristianos y de moros, de negros y de judíos, de hindúes y de amarillos, en fin, de todas las razas y credos que se dicen buenos, de todos los credos y razas que llamamos malos", opina.

Agrega que "dejemos en la irónica paz de los túmulos esas mentes desorientadas que, en un pasado no distante, inventaron para los portugueses un "Día de la raza" y reivindiquemos el magnífico mestizaje, no sólo de sangres, también y sobretodo de culturas, que fundó Portugal y hasta ahora le ha hecho durar Lisboa se ha
transformado en los últimos años, ha sido capaz de despertar en la conciencia de sus ciudadanos fuerzas renovadas para salir del marasmo en que había caído".

En nombre de la modernización, escribe, se levantaron muros de hormigón sobre piedras antiguas, se transformaron los perfiles de las colinas, se alteraron los panoramas, se modificaron los ángulos de visión. Pero el espíritu de Lisboa sobrevive, es el espíritu que hace eternas las ciudades. Arrebatado por aquel loco amor y aquel divino entusiasmo que habita en los poetas, Camoens escribió un día, hablando de Lisboa, "_ciudad que fácilmente de las otras es princesa".

"Perdonémosle la exageración. Basta que Lisboa sea simplemente lo que debe ser: culta, moderna, limpia, organizada -sin perder su alma. Y si todas estas bondades acaban haciendo de ella una reina, pues que lo sea. En la república que somos serán bienvenidas reinas así", finalizó.

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2008/09/15/se-estrena-saramago-somo-bloguero-publica-un-articulo-sobre-lisboa

EDUARDO GALEANO




Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
>
> No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
>
> Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
>
> ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.
> > Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
> ¡Guardo los vasos desechables!
> ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
>
> ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
>
> Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
>
> ¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
>
> ¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
>
> ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
>
> Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de.......... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.

> La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
>
> De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor.
> Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.
>
> Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)
>
> Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
> Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar(porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita.
>
> ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
>
> En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
>
> Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
>
> ¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
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> Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

> Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
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> Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
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> Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.
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> Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
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> Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
>
> ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
>
> Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
>
> ¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!
>
> Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.

> Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

> Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.

> Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

> Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

> Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

> Ah¡ No lo voy a hacer!
> Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
> Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
> Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
> No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
> No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

> Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
>
> De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
>
>
> Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.
>
>
> Hasta aquí.
>
>
> Eduardo Galeano

http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/

Ignorancia: depredador de la naturaleza

CADENA EN FAVOR DEL AMBIENTE
El desconocimiento sobre la importancia de ciertas especies, el miedo irracional hacia ellas por su apariencia,
o la creencia de que existen criaturas fantásticas como el chupacabras… son ejemplos claros de que la ignorancia es el más grande y peligroso depredador de la naturaleza.

“Cuando estuvo de moda el chupacabras se dijo que vivía en las cuevas; como consecuencia hubo una gran matanza de colonias de murciélagos en todo el país. Y los murciélagos –para que se den una idea– son los que fecundan el agave de donde se obtiene el tequila.

“Nadie ha estudiado formalmente la relación entre la reducción de las poblaciones de murciélagos y la crisis de la producción de agave de finales de los noventas, pero existen indicios para decir que la producción económica de un artículo comercial y emblemático del país como el tequila pudo ser afectado por el mito del chupacabras, debido a la reducción de las colonias de murciélagos, lo cual pudo perjudicar la polinización del agave. Por esto es importante fomentar la educación ambiental”.

El doctor Sergio Ticul Álvarez tiene en mente dos proyectos: la creación de un centro de educación ambiental para niños, El Museo Interactivo de Historia Natural, similar al Museo del Papalote, en el cual los pequeños puedan comprender la importancia de la biosfera, su manejo y aprovechamiento; también desea establecer un bioterio, en donde se tenga una reserva de especies consideradas en peligro de extinción para estudiar su biología y ecología y, en caso de la extinción de alguna de ellas, reincorporarla a su hábitat.

MEDIO AMBIENTE. EL EJEMPLO DE COSTA RICA

CADENA EN FAVOR DEL AMBIENTE
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El doctor Sergio Ticul Álvarez, quien recientemente recibió el Premio al Mérito Ecológico 2008, afirma que en México la academia y distintas organizaciones no gubernamentales han asumido los extremos de una cadena a favor de la conservación del medio ambiente; sin embargo, el eslabón intermedio es prácticamente inexistente e impide consolidar esfuerzos de largo plazo.

“Desde la investigación, principalmente, se tipifican las causas de la desaparición de una especie: qué está pasando y por qué; la segunda parte consiste en la aplicación del conocimiento que se generó y, la tercera, en el trabajo in situ y ex situ para preservar a la especie. El problema es que desafortunadamente no existe un vínculo entre estas tres unidades y, sobre todo, la del centro está vacía. Ahí es donde, en un futuro, podemos tener grandes problemas”.

De acuerdo con el investigador del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (CIBNOR), hay países en los cuales se han dado verdaderos casos de éxito en términos de conservación como Costa Rica, nación que apostó por el cuidado de sus recursos naturales.

“Hay lugares donde esta cadena no está rota y ha dado magníficos resultados. Un caso que llama la atención es el de Costa Rica, que prácticamente tenía 15% de su foresta conservada y el resto de su territorio alterado en algún grado. Pero le apostaron al turismo ecológico, a vender el paisaje, a los tours en la naturaleza; y después de varios años, la foresta se incrementó a cerca de 80%: Ahí sí hubo visión de largo plazo.

“En el caso que nos compete: la península de Baja California no tiene demasiada agua, entonces no se puede desarrollar una amplia agricultura o ganadería. Pero tenemos una belleza escénica muy grande; de hecho, mucho del turismo que nos visita va por ésta; también por la pesca deportiva y los campos de golf de Los Cabos, pero sobre todo por la belleza escénica, por las ballenas... es importante y primordial que se conserve el ambiente si el estado y la federación quieren seguir explotando el sector turismo”.
http://www.conacyt.mx/comunicacion/revista/

lunes, 15 de septiembre de 2008

DEPORTACIÓN DE INDOCUMENTADOS"

EU deportó en un año a casi 529 mil mexicanos.(que nadie defiende ni allá ni acá)

¿Cuántos estadounidenses indocumentados hay en México y cuántos han sido deportados a su páis?