lunes, 18 de agosto de 2008

FICTICIA CONVERSA



cortesía de comicsenblog.blogspot.com


A veces, quizá recurso del subconsciente que se hace cargo de que este gordo escribidor va con tanto mal hábito y tanto berrinche derechito al infarto, a la isquemia, a la tan temida embolia, huyo en feliz vehículo de ensoñaciones hacia bellas utopías, y una de mis favoritas es imaginar que mañana, cuando amanezca y atrape yo el control remoto, la televisión será otra, una especie de caricatura de sí misma, pero con el trasfondo crítico del sindicato de la estupidez que un día amanece resuelto a enderezar el rumbo. Sin anuncios, además.

Entonces se me ocurren programas que me gustaría ver. Qué tal que prendes la tele y el archienemigo de los políticos corruptos, Carlos Loret, esté en su noticiero matutino explicando cómo fueron aprehendidos los bribones Bribiesca, la huida de Vicente y Martuchis o que, contrito por los excesos cometidos bajo su tramposa férula, Calderón dimite y entrega el poder al verdadero ganador de las elecciones de hace dos años. Qué tal de bonito ver a Javier Alatorre condenando en un editorial demoledor la asquerosa manera en que el cardenal Rivera mantuvo por años un protector manto para cobijar a curas pederastas, y mire usted, en exclusiva, el momento en que agentes de la afi custodian a Rivera, con las esposas puestas, mientras es subido al vehículo oficial que habrá de trasladarlo a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia; el Vaticano, hasta ahora, no ha emitido ninguna clase de comunicado al respecto.

Qué tal Pepillo Origel, Patricia Chapoy y sus respectivos cortesanos, chismorreando el quehacer sentimental, no de cutres personajes de la farándula mexicana, sino de la mexicana política: ay, chiquis, el chisme que les traigo de Diego Fernández de Cevallos en su mansión de Punta Diamante, asoleándose… ¡en tanga!; pues no es nada, manita, junto a las fotos de Guadalupe Acosta agarrándole las pompis a Manlio Fabio, fíjense nomás…

Imagine usted, quizá, que Harp y Hernández, los turbios antiguos dueños de Banamex, recitaría con voz de triunfo Adela Micha, tuvieron que pagar miles de millones de dólares en impuestos que nunca pagaron a la nación cuando hicieron el negocio del milenio con la venta del banco a City Group…

O qué tal que en el transcurso de esos anuncios tramposamente disfrazados de programas en que se nos quiere vender una maquinita para reducir la tripa, o una cremita milagrosa para borrar las estrías que escoltan el ombligo, aparece una conductora o un locutor misántropo, de ésos que en las venas les corre mala leche en lugar de sangre y que además hoy amanecieron, tal que diría Luis Usabiaga, "con ánimo de tirar netas", para espetar al respetable la salutífera filípica: "Señora ama de casa lonjuda, señorita nalgona, póngase a dieta y a hacer ejercicio de manera disciplinada y objetiva, supervisada por un médico que no sea un sádico sediento de dinero, si lo encuentra, para que no vaya a acabar anoréxica, bulímica y anabólica", para después arremeter contra el señor de la casa: "Y usted, panzón, también, a ver si deja ese pinche vicio del cigarro, y ya deje de atascarse la barriga con toda la chatarra que le anuncian, inmundo saco de antojos zafios; deje de tragar porquerías, marrano, antes de tener que volver a cambiar la silla de la computadora o las pilas del marcapasos. Y ya puestos a hacer verdad que mente sana en cuerpo sano, deje de emporcarse la cabeza con toda esa pornografía que baja de internet, acuérdese de que usted también tiene hijas. E hijos, cochino. Lo que ahorre en pornografía, tortas de queso de puerco, tacos de perro, pedacera de papa y maíz fritos con sal, cervezas y refrescos de jarabe con agua y pintura, mejor lo usa en un fideicomiso para la educación de su prole, o se lleva a su vieja, aunque esté así, vieja y siempre de un humor de los mil diablos, a unas vacaciones a la playa. Con suerte, la ballena se le queda varada en la arena o se ahoga en el revolcadero de las olas mientras usted se hace el occiso. Con suerte usted no se hace, sino que termina feliz y efectivamente occiso, desparramado en la playa con el hígado machacado por una congestión alcohólica, y así el mundo podrá celebrar dos atorrantes menos."

Pero qué tal que enciendo el aparato y llena la pantalla la ignorancia supina de Maribel Guardia, la espesa estolidez de Sergio Sarmiento, la estupidez destilada de los programas que conducen los Pepillos Orijeles y las Patillas Chapoyas de carne y baba… o sea la pinche realidad, querido(a) lector(a), que siempre superará a la cándida ficción…

Apaga la tele, no permitas que asesinen tu mente y tu sentido común.

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