Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Angel Granados Chapa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Angel Granados Chapa. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de febrero de 2010

La nueva clase, los nuevos antros

Miguel Ángel Granados Chapa

MÉXICO, D.F., 31 de enero.- Por su semejanza con las cuevas, que también recibían ese nombre, hubo un tiempo lejano en que antro era, como lo define el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia, un local o establecimiento "de mal aspecto o reputación". Una metamorfosis conseguida por la nueva clase consiguió que se llamara antro a todo lugar de esparcimiento nocturno, especialmente los destinados a ganar dinero con el ansia de diversión y encuentro de los jóvenes adinerados. Pero en realidad, aunque se les denomine así con toda naturalidad, sin reparar en su antigua condición peyorativa, la mayor parte de los lugares donde se reúne la juventud acaudalada funcionan de tal modo que deberían ser vitandos, temibles en vez de deseables.

El Bar-Bar es un antro que está hoy en boca de todos porque allí fue herido a deshoras un futbolista conocido, Salvador Cabañas, importado de Paraguay por el club América. Como él hay muchos en las zonas de la ciudad y sus barrios periféricos donde vive la gente acomodada. Pero en el establecimiento de los hermanos Charaf se sintetizan los atributos de una época y un segmento social que se erigen como paradigmas a través de las páginas dedicadas a la frivolidad o en los espectáculos de la televisión.

La clientela del Bar-Bar es la nueva clase en la cúspide de un sistema expoliador que permite a unos cuantos acumular y derrochar fortunas. Buena parte de sus visitantes habituales provienen de la farándula o de los estadios, aunque no faltan vástagos de las grandes familias, las fundadas por próceres de la patria o de los negocios. Junto con los casinos de la cadena Caliente o de Play City, son establecimientos consagrados a la banalidad cuya explotación deja abundante dinero. Siempre los ha habido, en metrópolis o en ciudades pequeñas. Pero hoy son más notorios por la arrogancia y la insolencia de quienes los frecuentan, merecedores de todo según su propia apreciación, sólo porque en cada visita al establecimiento que se supone es para miembros escogidos gastan el salario semanal de todo el personal que les sirve.

José Jorge Balderas Garza, conocido como El Jota Jota, que probablemente hirió gravemente al crack americanista, es un típico visitante del lugar. Es considerado como cliente VIP (very important person) y, por lo tanto, no tiene que cubrir su cuenta ni siquiera con una tarjeta de crédito. Lo tiene abierto en la casa, porque es gente de confianza. Acudía sobre todo los domingos, cuando la clientela femenina es amigable y libre. Allí conoció, por ejemplo, a Silvia Irabién, apodada La Chiva en sus apariciones iniciales en un reality show de Televisa, espectáculo tan real que es sólo prolongación de su vida cotidiana. Su amistad los condujo a la intimidad carnal, de la cual la modelo quedó embarazada. El caballero, apodado con las iniciales de su nombre, como en el estilo estadunidense de identificar a los famosos, se esfumó al saber que había incurrido en la paternidad irresponsable. La valiente mujer, que acudió al Ministerio Público a dar cuenta de ese episodio de su vida privada, al ver que su amigo estaba involucrado en un delito grave, aportó información sobre el susodicho: es un simulador que ostenta varios nombres. El que dio a La Chiva no corresponde con el que tiene a mano la policía. Ni tampoco los domicilios que señaló al obtener su credencial de elector y su licencia. Todo es falso. Todo menos su dinero, que se muestra en su derroche (tuvo un consumo de 16 mil pesos en la noche y madrugada del día de los hechos) y en la familiaridad con que se le trata en el antro, de la cual se benefició para huir, ni siquiera con la premura que el verbo sugiere, sino con toda tranquilidad, seguido de su guarura que no se aparta de él ni siquiera cuando el patrón va al mingitorio a orinar.

Jota Jota Balderas Garza es muy joven. Debe presumirse, por lo tanto, que la liberalidad en su gasto tiene como origen una fortuna familiar, o que es un empresario de la modernidad, dueño de negocios que ofrecen vastas y prontas ganancias con mínima inversión, como los centros telefónicos que atienden llamadas de personas que prefieren el sexo imaginario, fantasioso, que el real. Puede ser también de los que administran franquicias de comida chatarra, o servicios como el valet parking, que no reclaman más que un escritorio rodante y una parvada de muchachos que aprenden a manejar en los vehículos de la clientela comodona. Tal vez sea uno de tantos empresarios, como los antreros mismos, que agregan poco valor a la economía, a cambio de lo cual extraen utilidades gordas basadas en la explotación al personal y en la corrupción. O puede que sea un narcotraficante o un lavador de dinero.

Sólo a partir de arreglos chuecos, de violación sistemática de las leyes condonadas por la autoridad, se entiende que funcionen cantinas que no cierran nunca. La licencia del negocio donde Cabañas fue herido era de bar simple, sujeto a horarios y restricciones. Sus dueños obtuvieron su conversión a club privado, que ensancha los márgenes de operación. Es seguro que para tal metamorfosis hayan untado la mano del funcionario que firmó la nueva licencia o del que autorizó que lo hiciera. A partir de ese acomodo chanchullero los antreros como los del Bar-Bar se permiten todo, hasta el cinismo de alegar su buena reputación, que atrae "a la clientela más exigente de México".

Como la agresión fue perpetrada por una o dos personas, la acción penal sólo se enderezará contra ellas, y si acaso contra el personal que dejó irse a Jota Jota y alteró la escena de los hechos. Pero pasado el escándalo, arregladas las deficiencias administrativas conforme a la ley o contra ella, el Bar-Bar reabrirá sus puertas para quienes quieren lujos dominicales y pueden pagarlos.

No son estas, o no quieren serlo, ocurrencias de viejo, impregnadas además de resentimiento social, como puede suponer una lectura superficial de estas notas. Pero si lo parecen, asumo mi responsabilidad, la de un observador ya no escéptico, sino pesimista, frente a ciertas conductas sociales, debilitamientos éticos que deberían llamar la atención del clero preocupado por saber si los ángeles tienen sexo y cómo lo practican.

http://mujeresporlademocracia.blogspot.com/

 
 

 



<

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Los Mouriño

MIGUEL ÁNGEL GRANADOS CHAPA
En 1978, cuando en su patria se abría el horizonte a la democracia, Manuel Carlos Mouriño Atanes decidió salir de Madrid. Como reprochaban los criollos a los peninsulares del siglo XVI, "vino de España por la mar salobre/ a nuestro mexicano domicilio (...) de salud falto y de dinero pobre". A poco andar, sin embargo, esta última condición desapareció por completo: 30 años después, vuelto de regreso a su tierra natal, Mouriño Atanes posee un considerable patrimonio y encabeza un consorcio de empresas muy rentables; tanto, que le permitieron satisfacer un capricho: adquirir el equipo de futbol Celta de Vigo, que participó sin fortuna en la liga ibérica de primera división hasta su descenso el año antepasado.
A partir de la modestia de una gasolinería, Mouriño Atanes generó el Grupo Energético del Sureste (GES), que por cuenta de Pemex transporta combustibles en aquella región del país. Su actividad en este rubro se vio estimulada cuando hace ocho años su hijo Juan Camilo fue elegido diputado federal y encabezó la Comisión de Energía de la Cámara. Mientras desempeñaba esa responsabilidad, representaba a su familia ante Pemex y suscribía en su nombre contratos que hicieron crecer el consorcio. En la misma línea de negocios apoyados por el gobierno, GES participa en la industria eléctrica, si bien lo hace de modo sesgado
En 2006, el grupo de Mouriño adquirió 20 hectáreas a la vera del camino que comunica a Mérida con Progreso. Criticada por el Diario de Yucatán la prontitud con que se le autorizó un proyecto que se creyó de bienes raíces, Carlos Mouriño Terrazo, primogénito y tocayo de su padre, así como hermano mayor del secretario de Gobernación (que por entonces era ya el principal asesor del candidato presidencial panista Felipe Calderón), informó oficialmente:
"El Grupo Energético del Sureste invertirá, en coinversión con una empresa española, 300 millones de pesos en una fábrica que elaborará torres eólicas de última generación, mismas que serán comercializadas principalmente en el mercado estadunidense". Pero también en México, si se atiende a la denuncia que en mayo pasado hizo Javier González Garza, líder de los diputados perredistas.
Según su información, la sigla GES, que identifica en México al negocio de los Mouriño, es la misma de Global Energy Services, de la que forma parte la empresa española Gamesa Eólica, instalada en el parque La Venta II en Oaxaca para la generación de electricidad a partir del viento. El equipo para la operación de esa planta fue provisto por Gándara Censa, otra empresa hispana que, adquirida por Mouriño padre en España, es la que formalmente coinvierte con GES en la fábrica yucateca. Si así son las cosas, no sólo sería esa planta proveedora de Gamesa Eólica, sino que ambas formarían parte del mismo grupo empresarial.
La actividad empresarial de Mouriño Atanes ha despertado curiosidad más en España que en México. Eso no obstante, en 2003 algún órgano policiaco mexicano solicitó por los conductos diplomáticos debidos información sobre procedimientos legales en torno a aquel súbdito español. Dicha información, según hemos venido a saber mucho tiempo después, "la proporcionó el reino de España con el carácter de confidencial al Estado mexicano, por lo que se considera reservada (...) y su publicación podría causar un detrimento a las relaciones internacionales de nuestro país".
Eso se lee en un comunicado de la Procuraduría General de la República, fechado el 29 de octubre, para informar por qué no se entregó, primero a un particular solicitante y después tampoco al Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), aquella respuesta española. El IFAI necesitaba conocer el expediente para determinar si en efecto le es aplicable el artículo 13, fracción II de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública, que considera reservada la información que pudiera menoscabar las relaciones internacionales de México, especialmente cuando es entregada a título confidencial por un gobierno o un organismo internacional.
Ante la insistencia del IFAI por conocer la documentación del caso, la PGR llegó a un extremo inusitado a fin de proteger a los Mouriño. Hizo que el jefe de la Unidad de Asuntos Internacionales, Adrián Franco, demandara amparo contra el IFAI, y quizá por tratarse de quien es, y del órgano al que representa (que no puede acudir por sí al juicio de garantías), recibió el beneficio de la suspensión del acto reclamado. Se hizo tan notoria, sin embargo, la posible colusión entre la Procuraduría y el interés de la familia Mouriño, que la PGR solicitó al gobierno español autorización, no para divulgar la información tenida como reservada, pero sí para entregarla al órgano facultado para determinar su carácter, y ya la puso a disposición del Instituto, tras desistirse del amparo solicitado.
Mientras eso ocurre, los días del secretario Mouriño en Bucareli parecían aproximarse a su final. Eso dicen, al menos, los chismes palaciegos. Desde que en enero pasado pasó de la Oficina de la Presidencia a Gobernación fue cuestionada su designación, no sólo por su equívoca nacionalidad (pues, nacido en Madrid, a partir de la mayoría de edad ha utilizado indistintamente, según convenga, pasaporte español o mexicano), sino por su inexperiencia política. Cierto es que esa secretaría perdió a lo largo del tiempo las facultades legales y extralegales que la hacían centro de la política interior, pero su ejercicio requiere aún amplio conocimiento de las realidades del país, de los factores de poder y de los procesos políticos y jurídicos en curso. Nacido fuera de México, Mouriño cursó también su preparación universitaria más allá de la frontera, y su vida pública se extiende apenas por un decenio, en que ha sido diputado local en Campeche, legislador federal en la lista de representación proporcional del PAN, subsecretario de Energía, asesor principal del candidato Calderón, según queda dicho, y jefe de su Oficina de la Presidencia. Claro que un currículo puede no reflejar conocimiento y experiencia, pero el desempeño del secretario en los 10 meses de su estancia en Bucareli ha mostrado que carecía de aquellas prendas, al punto de que aun entre las filas de los adictos al gobierno se cuestionaba la pertinencia de su permanencia en ese cargo.
Según la información filtrada desde Los Pinos, Mouriño transitaría a una de dos candidaturas como salida airosa y mampara de lo que sería en realidad un despido. Se le presume aspirante a la jefatura de los diputados federales panistas que sean elegidos el año próximo (seguramente en número menor a los que actualmente ocupan curules). Tendría que contender para ello, entre otros interesados por la posición, con su antecesor en Gobernación y exgobernador de Jalisco, Francisco Javier Ramírez Acuña, que por esa vía pretende ser rehabilitado después de que lo arrojó del gabinete.
También se le presenta como precandidato al gobierno de Campeche, donde ha vivido la mayor parte de su tiempo mexicano. Se buscaría que sea el panista que eche al PRI del gobierno de ese estado, algo que hace cinco años estuvo a punto de ocurrir. En efecto, la contienda de 2003 resultó especialmente competida, al grado de que la diferencia de votos entre el candidato priista triunfador y su opositor panista llegó apenas a dos puntos porcentuales, menos de 5 mil votos en números absolutos. Se apostaría a que el peso que da a Mouriño su pertenencia al gobierno federal, amén de la influencia económica de su familia, le ayudaría a remontar esa diferencia y pasar de Gobernación a la gubernatura.
Pero es temprano para saberlo. No lo es, en cambio, para saber que si se le busca una salida airosa es porque aun en el régimen del amiguismo a ultranza ya no es bien visto.



http://www.proceso.com.mx/opinion_articulo.php?articulo=63581



3 de noviembre de 2008

miércoles, 10 de septiembre de 2008

¿VIVA MÉXICO?

CLIENTE DISTINGUIDO DE LA TIENDA DE RAYA
Miguel Ángel Granados Chapa (Digno merecedor de la Medalla Belisario Domínguez)

Con un discurso lamentablemente uncioso, explicable acaso en un presidente municipal pero no en el de la República, Felipe Calderón participó en un acto falso (los cincuenta años de Wal-Mart en México, que apenas cumple once aquí), al mismo tiempo que la Suprema Corte definía una práctica laboral de ese consorcio como propio del porfiriato.

Para congraciarse con su auditorio, los ejecutivos y empleados de ese imperio comercial (incluido Craig Herkert, presidente de Wal-Mart para las Américas), Calderón contó su trivial historia como cliente de la cafetería Vips y las tiendas Aurrerá. En aquella, el ahora Ejecutivo federal solía tomar café con su padre, Luis Calderón Vega, a quien agradaban los bisquetes con mermelada. Y ya casado, el joven Calderón hacía la compra familiar, con su esposa Margarita, en alguno de los dos establecimientos cercanos a su domicilio: “Ahí hemos pasado, hay que decirlo, muchos días de nuestra vida, que tienen que ver con lo que comíamos todos los días y con las camisetas de los uniformes de los niños; ahí solíamos comprar nuestros arbolitos de navidad también. Y, como muchos mexicanos, me siento, tengo una parte de identificación con lo que ustedes hacen… Y además, hay que decirlo, yo no recuerdo al menos, jamás he recibido un maltrato, o una actitud despótica o una desatención de ninguno de los empleados o asociados de Wal-Mart, lo cual me da mucho gusto, se los agradezco”.

Mientras Calderón entonaba este canto del cliente agradecido, la segunda sala de la Suprema Corte resolvía la revisión de un amparo demandado por un extrabajador de Wal-Mart, que impugnó un convenio por el cual se adhirió al plan de previsión social de esa empresa, que cubre las prestaciones de sus empleados con vales de despensa emitidos por el propio consorcio. “Un contrato de trabajo que obligue directa o indirectamente a los empleados a adquirir artículos de consumo en tiendas o lugares determinados contraviene los principios fundamentales consignados en el artículo 123 constitucional, por lo que debe declararse nulo de pleno derecho”, sentenció la sala. Su decisión, que encontró esa usanza semejante a la de las tiendas de raya del porfiriato, carece de efectos prácticos. Por un lado, el quejoso ya no trabaja para esa empresa y, por otro lado, los efectos de la sentencia lo protegerían sólo a él, y no al resto de los 150 mil empleados del consorcio. Pero al resolver el caso el alto tribunal reveló uno de los ingredientes, el bajo costo de su mano de obra, que permiten a Wal-Mart ofrecer precios bajos y obtener ganancias multimillonarias.

Articulo completo en este enlace: Proceso