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martes, 3 de noviembre de 2009

Saramago: "escribo para desasosegar"

"Dios es cruel porque el hombre lo inventó": Saramago

Han pasado apenas dos semanas desde que el 19 de octubre llegara a las librerías "Caín", la nueva novela del Nobel de literatura portugués José Saramago, y la polémica está servida. El libro levanta ampollas en su país natal, donde un eurodiputado conservador llegó incluso a pedirle que renunciara a su nacionalidad, y la conferencia episcopal tampoco ha permanecido inmune ante la particular ironía del escritor.

Lun, 02/11/2009 - 10:22

"Tengo 86 años y poca vida por vivir, pero la usaré para ensanchar la acción pública de mi obra", afirmó. Foto: Reuters

Madrid-Cuando Dios decidió quemar Sodoma porque los hombres "tenían gustos sexuales muy suyos", pactó con Abraham que si encontraba a diez inocentes salvaría la ciudad. Pero Dios la quemó, "no se enteró de si había diez u once", ni siquiera se dio cuenta de que olvidaba a los niños, inocentes todos de ese "pecado". Por eso, "Dios no es de fiar".

Han pasado apenas dos semanas desde que el 19 de octubre llegara a las librerías "Caín", la nueva novela del Nobel de literatura portugués José Saramago, y la polémica está servida. El libro levanta ampollas en su país natal, donde un eurodiputado conservador llegó incluso a pedirle que renunciara a su nacionalidad, y la conferencia episcopal tampoco ha permanecido inmune ante la particular ironía del escritor.

Curtido en estas situaciones, Saramago no pierde la calma y afirma, con voz pausada y firme, que entender "Caín" no es incompatible con ser creyente. "Yo entiendo que una persona crea, pero que no cierre los ojos", dijo hoy durante la presentación de su libro en la madrileña Casa de América. "La fe pertenece a otro dominio de la mente" en el que no se mete. "Yo uso mi razón, mi lógica".

Al hablar por primera vez de la novela en Peñafiel, una pequeña localidad del norte de Portugal, el autor de "Ensayo sobre la ceguera" describió la Biblia como "un manual de malas costumbres", y no sentó bien. Pero lo cierto es que en el texto sagrado del cristianismo hay "una crueldad infinita, no faltan los incestos y las carnicerías" y se pueden contar más de un millón de asesinatos.

"La historia de la humanidad es, en el fondo, la historia de la muerte", afirma el Nobel. El problema es que "nosotros hemos inventado a un dios a nuestra imagen y semejanza, no al revés, y por eso es tan cruel, porque nosotros somos crueles y no sabemos inventarnos algo mejor". El hombre inventó a dios y luego se esclavizó a su ley, defiende el portugués.

A lo largo de las casi 200 páginas de "Caín" (Alfaguara), Saramago propone un viaje en el tiempo recorriendo Antiguo Testamento de la mano del primer fraticida. Y lo hace partiendo de una pregunta: ¿Qué diablo de dios es éste que para enaltecer a Abel desprecia a Caín? Porque, a juicio del escritor, Dios es el verdadero "autor intelectual" del crimen.

Tratada por reconocidos genios de la literatura como Lord Byron o John Steinbeck, la historia de Caín, que mató a su hermano Abel porque Dios no aceptó su sacrificio y fue condenado por ello a vagar eternamente, ha desatado un sinfín interpretaciones.

Desde las más estrambóticas que lo tachan del primer vampiro hasta las más racistas, que abogan por que el estigma con que Dios marcó su frente se fue extendiendo de generación en generación hasta oscurecer todo el cuerpo de los malvados "cainitas".

En la novela de Saramago, Caín se convierte en un guía privilegiado que aporta su particular lectura sobre los principales episodios bíblicos, desde el sacrificio de Isaac por Abraham, la ira de Moisés en el monte Sinaí o el Diluvio Universal. A ojos de Caín, Dios se presenta como un ser caprichoso y tirano, que en realidad revela una visión demoledora y trágica del ser humano que lo inventó.

No es la primera vez que Saramago emplea su pluma para abrir el debate sobre los dogmas religiosos. Ya lo hizo hace casi 20 años con su polémico "Evangelio según Jesucristo", y la airada reacción del gobierno, que vetó su presentación al Premio Literario Europeo de ese año, hizo que el Nobel se instalara como protesta en la isla española de Lanzarote, donde reside en la actualidad.

Sin embargo, a sus 86 años el escritor se ha planteado muchas veces por qué escribe y para qué, y tiene muy clara una cosa: "Yo no escribo para agradar, tampoco para desagradar; yo escribo para desasosegar", sostiene. "No estoy intentando salvar a la humanidad, ya es bastante salvar mi propia conciencia", explica. Pero el objetivo de su escritura es sacar de su "aborregamiento" a la sociedad actual.

Confiesa que le sorprende el revuelo generado por "Caín" en Portugal y que no entiende la reacción de la Iglesia, que es "como los perros de Pavlov", responde inmediatamente al estímulo sin ni siquiera haber leído el libro. Sin embargo, Saramago está en una etapa muy fecunda -hace apenas un año que publicó "El viaje del elefante"- y no piensa detenerse.

"Tengo 86 años y poca vida por vivir, pero la usaré para ensanchar la acción pública de mi obra", afirmó. Y, contra su costumbre, adelantó el tema sobre el que girará su próximo libro, en el que arremeterá contra la industria del armamento para seguir "desasosegando" a sus lectores.

jueves, 6 de noviembre de 2008

GUANTÁNAMO

1. GUANTÁNAMO.
2. BARACK OBAMA: EL DIA DESPUES.
3. BALADA DE LOS DOS ABUELOS.




José Saramago

2008-11-05
http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/especiales.tpl.html&newsid_obj_id=13057







Cuando escribo estas líneas los colegios electorales todavía continuarán abiertos durante algunas horas más. Solo bien entrada la madrugada surgirán los primeros datos sobre el que será el próximo presidente de los Estados Unidos. En el caso altamente indeseable de que llegara a triunfar el general McCain, lo que estoy escribiendo parecerá obra de alguien cuyas ideas sobre el mundo en que vive pecan de total irrealidad, de un desconocimiento absoluto de los hilos con que se tejen los hechos políticos y los diversos objetivos estratégicos del planeta. Nunca el general McCain, siendo él, para colmo, como la propaganda no deja de considerar y un mísero paisano como yo nunca se atrevería a contradecir, un héroe de la guerra contra Vietnam, nunca osaría liquidar el campo de concentración y de tortura instalado en la base militar de Guantánamo y desmontar la propia base hasta el último tornillo, dejando el espacio que ocupa entregado a quien es su legítimo dueño, el pueblo cubano. Porque, se quiera o no se quiera, si es cierto que no siempre el hábito hace al monje, el uniforme, ése, hace siempre al general. ¿Derribar, desmontar? ¿Quién es el ingenuo que ha tenido semejante idea?

Y, pese a todo, es de eso precisamente de lo que se trata. Hace pocos minutos una cadena de radio portuguesa ha querido saber cuál sería la primera medida de gobierno que le propondría a Barack Obama en el supuesto de que sea él, como tantos andamos soñando desde hace un año y medio, el nuevo presidente de Estados Unidos. Fui rápido en la respuesta: desmontar la base militar de Guantánamo, mandar de vuelta a los marines, derribar esa vergüenza que ese campo de concentración (y de tortura, no lo olvidemos) representa, volver la página y pedir disculpas a Cuba. Y, de camino, acabar con el bloqueo, ese garrote con el que, inútilmente, se pretendió doblegar la voluntad del pueblo cubano. Puede suceder, y ojalá que así sea, que el resultado final de estas elecciones acabe invistiendo a la población norte-americana de una nueva dignidad y de un nuevo respeto por los demás, pero me permito recordarles a los falsos distraídos que, lecciones de la más autentica de las dignidades, de las que Washington podría haber aprendido, las ha estado dando cotidianamente el pueblo cubano en casi cincuenta años de patriótica resistencia.

¿Que no se puede hacer todo, así, de una sentada? Sí, tal vez no se pueda, pero, por favor, señor presidente, por lo menos haga algún gesto. Al contrario de lo que quizá le hayan dicho en los corredores del senado, esa isla es más que un dibujo en el mapa. Espero, señor presidente, que algún día quiera ir a Cuba para conocer a quien allí vive. Finalmente. Le prometo que nadie le hará daño.
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BARACK OBAMA: EL DIA DESPUES

Jorge Gómez Barata




Barack Obama limpió el piso con John McCain, esperanza y evidencia de la persistencia de la ultraderecha neoconservadora. Con su triunfo el flamante Presidente reivindicó a los de su raza. Una vez el benefactor fue Lincoln y la otra Kennedy, por primera vez la victoria no fue un premio a la mansedumbre. No es una victoria sobre los blancos, sino contra la reacción. La gloria es mucha y el precio también: nunca más Obama recibirá el beneficio de la duda.

El que hasta ayer fuera el único negro en el Senado norteamericano, el más exclusivo de los clubes políticos, dejó de ser el candidato preferido y la luz al final del túnel de una era nefasta para convertirse en el jefe del más grande los imperios y del país de cuya estabilidad económica depende el destino de parte de la humanidad.

Concluida la campaña electoral, sin posibilidades para más cabalas ni encuestas y cumplidas las formalidades protocolares, la atención se centra en la designación del equipo de transición, la ceremonia de toma de posesión y la selección del gabinete.

Si bien George Washington, el primer presidente advirtió del peligro que representaban las facciones políticas cuya prominencia conducía a que, en lugar de servir a la Nación, el gobierno representara un partido, no fue escuchado. Andrew Jackson, el séptimo mandatario introdujo la práctica, vigente hasta hoy de cubrir todos los cargos del gobierno con miembros del partido ganador. Obama no será la excepción, razón por la cual debemos esperar una administración esencialmente demócrata que, aunque no será negra, no excluirá a los de color.

Dado el estado de guerra que vive el país, el nuevo Presidente deberá esmerarse al escoger al Secretario de Defensa, obligatoriamente un civil que naturalmente puede ser un ex militar. Aunque no está obligado a hacerlo ni constituye una regla, de acuerdo a los resultados de la evaluación del desempeño, podrá remover al Presidente de la Junta de Jefes de Estados Mayores y al Comandante de las tropas en Irak.

En medio de una profunda crisis financiera y monetaria y ante la perspectiva de avanzar hacía la refundación del sistema monetario y de las finanzas mundiales, serán de vital importancia los nombramientos para los cargos de Secretario del Tesoro y Presidente de la Reserva Federal. En concordancia con su perfil, no es presumible que el Secretario de Estado sea un halcón. Es de esperar que para la función diplomática más importante, la de de embajador ante la ONU, nomine a un allegado suyo.

Uno de los cargos que pudieran indicar hasta qué punto la nueva administración avanzará hacía la recuperación de los valores y las prácticas del liberalismo político clásico es el de Fiscal General, cargo para el que George Washington nombró a John Jay, uno de los ideólogos de la Revolución Norteamericana, firmante de la Declaración de Independencia y presidente del Congreso Continental y desde entonces ha sido desempeñado por políticos más que por juristas.

El enfrentamiento al terrorismo, la necesidad de regular y controlar la actividad y el perfil de los órganos de inteligencia y contrainteligencia, supone una cuidadosa selección del Jefe del Departamento de Seguridad Interna.

Tradicionalmente, ante cada cambio de administración, la empresa privada, sobre todo las transnacionales se entusiasman por la enorme cantera de especialistas que quedan cesantes y salen al mercado de trabajo. Esta vez la alta gerencia mira para otro lado; es poco el material aprovechable que deja Bush.

Cuando el 30 de abril de 1789, después de un agotador viaje de alrededor de mil kilómetros, a lomos de caballo y por vía fluvial, en una canoa manejada por remeros todos de blanco, George Washington, el único Presidente norteamericano que no buscó el cargo y que resultó electo por unanimidad, llegó a Nueva York y desde un balcón del Federal Hall, en Wall Street, prestó juramento, uno de sus camaradas de lucha dijo: “Es el primero y todo cuando haga será precedente”. Desde otra distancia, de otra manera y con otros acentos, pudiera decirse lo mismo de Barack Obama.

Tal vez transcurran algún tiempo antes de que la ultraderecha norteamericana pueda “procesar el duelo” y familiarizarse con la idea de que, ha pasado la página y la suya fue una oportunidad perdida.

Para la izquierda mundial, en especial para los procesos avanzados en América Latina se abre un compás de espera a la expectativa del rumbo que tome la política hemisférica de la nueva administración norteamericana. El nombramiento del subsecretario para asuntos latinoamericanos nos dará una idea.

En cualquier caso, ojalá Obama justifique las esperanzas y contribuya a archivar la tesis históricamente cierta de que: “Nada hay más parecido a un republicano que un demócrata”.
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ME ALEGRA QUE GANE EL NEGRO

Jorge Gómez Barata



Según mi hija, a Madeleyn Payne, la abuela blanca de Barack Obama, nativa de Kansas, un lugar donde toda hora es buena para leer la Biblia, los hombres mandan y las mujeres obedecen, no debe haberle complacido ver a su niña casada con un africano ni fácil criar un nieto negro. Es distinto ─ dije yo─ verlo convertido en presidente.

Lo que anoche no pudimos dilucidar es cómo hubiera asumido Nicolás Guillen, el gran poeta antillano de la negritud a quien, a propósito de un chiste mal contado, le escuché decir: “Aunque no sea mejor ni tenga razón, me alegro que gane el negro. Han perdido demasiadas veces…”

Tal vez la anécdota de la abuela blanca que votó por el nieto negro sin sobrevivir a su victoria, lo hubiera conmovido tanto como cuando escribió la Balada de los dos Abuelos.



BALADA DE LOS DOS ABUELOS

Nicolás Guillén

Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.

Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco!

Africa de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos...
--¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos...
--¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro...
--¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios...!
--¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
¡Oh puro sol repujado,
preso en el aro del trópico;
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!

¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo fulgor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
Piedra de llanto y de sangre,
venas y ojos entreabiertos,
y madrugadas vacías,
y atardeceres de ingenio,
y una gran voz, fuerte voz,
despedazando el silencio.
¡Qué de barcos, qué de barcos,
qué de negros!

Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.

Don Federico me grita
y Taita Facundo calla;
los dos en la noche sueñan
y andan, andan.
Yo los junto.

--¡Federico!
¡Facundo! Los dos se abrazan.
Los dos suspiran. Los dos
las fuertes cabezas alzan;
los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas;
los dos del mismo tamaño,
ansia negra y ansia blanca,
los dos del mismo tamaño,
gritan, sueñan, lloran, cantan.
Sueñan, lloran, cantan.
Lloran, cantan.
¡Cantan!
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Enviado por
Revista Koeyú Latinoamericano
revistakoeyulatinoamericano@gmail.com
Tel. (58 212) 481 7740
Cel. (58) 412 7332730
Caracas. Venezuela

lunes, 6 de octubre de 2008

Saramago

¿Dónde está la izquierda?
Octubre 1, 2008
Me ausento de este espacio durante veinticuatro horas, no por necesidad de descanso o falta de asunto, simplemente para que la última crónica se mantenga un día más en el lugar en que está. No estoy seguro de que lo merezca por la forma en que dije lo que pretendía, sino para darle un poco más de tiempo mientras espero que alguien me informe donde está la izquierda…
Hace alrededor de tres o cuatro años, en una entrevista a un diario sudamericano, creo que argentino, entre la retahíla de preguntas y respuestas solté una declaración que inmediatamente supuse que iba a causar agitación, debate, escándalo (hasta este punto llegaba mi ingenuidad), comenzando por las huestes locales de la izquierda y a continuación, quien sabe, como una onda que se expandiera en círculos, en los medios internacionales, tanto políticos, sindicales o culturales que de la dicha izquierda son tributarios. En toda su crudeza, sin escamotear su propia obscenidad, la frase, puntualmente reproducida por el periódico, era la siguiente: “La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive”. A mi intención, deliberadamente provocadora, la izquierda así interpelada, respondió con el más gélido de los silencios. Ningún partido comunista, por ejemplo, empezando por aquel del que soy miembro, salió a la palestra para rebatir o simplemente argumentar acerca de la propiedad o la falta de propiedad de las palabras que pronuncié. Con mayor razón, tampoco ninguno de los partidos socialistas que se encuentran en los gobiernos de sus respectivos países, pienso, sobre todo, en los de Portugal y España, consideró necesario exigir una aclaración al atrevido escritor que había osado lanzar una piedra al putrefacto charco de la indiferencia. Nada de nada, silencio total, como si en los túmulos ideológicos donde se refugian no hubiese nada más que polvo y telarañas, como mucho un hueso arcaico que ya ni para reliquia serviría. Durante algunos días me sentí excluido de la sociedad humana como si fuese un apestado, víctima de una especie de cirrosis mental que provocaba que no diera pie con bola. Llegué a pensar que la frase compasiva que andaría circulando entre los que así callaban sería más o menos ésta: “Pobrecillo, ¿qué se podría esperar de él con esa edad?” Estaba claro que no me encontraban opinante con la estatura adecuada.
El tiempo fue pasando, pasando, la situación del mundo complicándose cada vez más, y la izquierda, impávida, seguía desempeñando los papeles que, en el poder o en la oposición, les habían sido asignados. Yo, que mientras tanto había hecho otro descubrimiento, el de que Marx nunca había tenido tanta razón como hoy, supuse, cuando hace un año reventó la burla cancerígena de las hipotecas en los Estados Unidos, que la izquierda, allá donde estuviera, si todavía le quedaba vida, abriría por fin la boca para decir lo que pensaba del asunto. Ya tengo la explicación: la izquierda no piensa, no actúa, no arriesga ni una pizca. Pasó lo que pasó después, hasta lo que está ocurriendo hoy, y la izquierda, cobardemente, sigue no pensando, no actuando, no arriesgando ni una pizca. Por eso no es de extrañar la insolente pregunta del título: “¿Dónde está la izquierda?” No doy albricias, he pagado demasiado caras mis ilusiones.


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martes, 16 de septiembre de 2008

Se estrena Saramago como bloguero




Una carta de amor a Lisboa, el primer texto publicado en el sitio por el Nobel portugués.

Notimex / La Jornada On Line
Publicado: 15/09/2008 12:32

Madrid. El escritor, periodista y dramaturgo portugués José Saramago inauguró El cuaderno de Saramago, un espacio en el que a través del blog de su fundación dará a conocer acontecimientos y expresará puntos de vista.

El Premio Nobel de Literatura 1998 se suma a los millones de blogueros en todo el mundo que utilizan la red como una forma de expresión y lo hará a través de la pagina de su fundación www.josesaramago.org.

El literato explica en "Palabras para una ciudad" que "removiendo unos cuantos papeles que ya tenían perdida la frescura de la novedad, encontré un artículo sobre Lisboa escrito hace unos cuantos años, y, no me avergüenza confesarlo, me emocioné".

"Quizá porque no se trate realmente de un artículo, es más bien una carta de amor, de amor a Lisboa. Decidí compartirla con mis lectores y amigos haciéndola pública otra vez, ahora en la página infinita de Internet y con esta carta inaugurar mi espacio personal en este blog", expresa.

La carta dice "tiempos hubo en que Lisboa no tenía ese nombre. La llamaban Olisipo cuando llegaron los romanos, Olissiboná cuando la tomaron los moros, aunque acabó siendo Aschbonna, tal vez porque no supieran pronunciar la bárbara palabra".

Agrega que "cuando, en 1147, después de un cerco de tres meses, los moros fueron vencidos, el nombre de la ciudad no cambió de una hora para otra: si aquél que iba a ser nuestro primer rey le mandó una carta a la familia anunciando la gesta, escribiría con toda probabilidad en el encabezamiento Aschbouna, 24 de octubre, o
Olissibona, pero nunca Lisboa".

Saramago cuenta que cuando Lisboa comenzó a ser Lisboa de hecho y de derecho, por lo menos tuvieron que pasar algunos años antes de que naciera el nuevo nombre, así como para que los conquistadores gallegos comenzaran a ser portugueses.

"Estas minucias históricas interesan poco, podría decirse, aunque a mí me interesaría mucho, no sólo saber, sino ver, en el exacto sentido de la palabra, como ha venido cambiando Lisboa desde aquellos días", escribe.

Si entonces existiera el cine, si los viejos cronistas fueran operadores de cámara, si las mil y una transformaciones por las que pasó Lisboa a lo largo de los siglos hubieran sido registradas, podríamos ver a esa Lisboa de ocho siglos crecer y moverse como un ser vivo, como esas flores que nos muestra la televisión, abriéndose en pocos segundos desde el capullo todavía cerrado hasta el esplendor final de las formas y los colores, asegura, "creo que amaría a esa Lisboa por encima de todas las cosas".

Refiere que "físicamente habitamos un espacio, pero, sentimentalmente, somos habitados por una memoria. Memoria de un espacio y de un tiempo, memoria en cuyo interior vivimos, como una isla entre dos mares: a uno le llamamos pasado, a otro le llamamos futuro".

"Podemos navegar en el mar del pasado próximo gracias a la memoria personal que retuvo el recuerdo de sus rutas, pero para navegar en el mar del pasado remoto tendremos que usar las memorias acumuladas en el tiempo, las memorias de un espacio continuamente en transformación, tan huidizo como el propio tiempo. Esa película de Lisboa, comprimiendo el tiempo y expandiendo el espacio, sería la memoria perfecta de la ciudad", comenta.

Saramago escribe que "lo que sabemos de los lugares es lo que compartimos con ellos durante un cierto tiempo en el espacio que son. El lugar está ahí, la persona aparece, luego la persona se va, el lugar continúa, el lugar hace a la persona, la persona transforma el lugar"

"Cuando tuve que recrear el espacio y el tiempo de la Lisboa donde Ricardo Reis vivió su último año, sabía de antemano que no iban a ser coincidentes las dos nociones de tiempo y de lugar: la del adolescente tímido que fui, encerrado en mi condición social, y la del poeta lúcido y genial que frecuentaba las más altas regiones del
espíritu", afirma.

Luego continúa escribiendo sobre la ciudad "mi Lisboa fue siempre la de los barrios pobres, y cuando, mucho más tarde, las circunstancias me llevaron a otros ambientes, la memoria que preferí guardar fue la de la Lisboa de mis primeros años, la Lisboa de gente de poco tener y mucho sentir, todavía rural en sus costumbres y en la
comprensión del mundo".

"Tal vez no es posible hablar de una ciudad sin citar unas cuantas fechas notables de su existencia histórica. Aquí, refiriéndonos a Lisboa, se mencionó una sola, la de su comienzo portugués: no será particularmente grave el pecado de glorificación. Lo sería, sí, ceder a esa especie de exaltación patriótica que, a falta de enemigos reales sobre los que hacer caer su supuesto poder, procura los estímulos fáciles de la evocación retórica", escribe.

"Las retóricas conmemorativas, no siendo forzosamente un mal, conllevan un sentimiento de autocomplacencia que induce a confundir las palabras con los actos, cuando no las coloca en el lugar que solo a éstos les compete", añade.

En aquél día de octubre, el entonces recién iniciado Portugal dio un gran paso hacia adelante, y tan firme fue que Lisboa no volvió a ser perdida. Pero no nos permitamos la napoleónica vanidad de exclamar: "desde lo alto de aquel castillo 800 años nos contemplan" y aplaudirnos luego unos a otros por haber durado tanto, rememora.

"Pensemos mejor que de la sangre derramada en un lado y otro está hecha la sangre que llevamos en las venas, nosotros, los herederos de esta ciudad, hijos de cristianos y de moros, de negros y de judíos, de hindúes y de amarillos, en fin, de todas las razas y credos que se dicen buenos, de todos los credos y razas que llamamos malos", opina.

Agrega que "dejemos en la irónica paz de los túmulos esas mentes desorientadas que, en un pasado no distante, inventaron para los portugueses un "Día de la raza" y reivindiquemos el magnífico mestizaje, no sólo de sangres, también y sobretodo de culturas, que fundó Portugal y hasta ahora le ha hecho durar Lisboa se ha
transformado en los últimos años, ha sido capaz de despertar en la conciencia de sus ciudadanos fuerzas renovadas para salir del marasmo en que había caído".

En nombre de la modernización, escribe, se levantaron muros de hormigón sobre piedras antiguas, se transformaron los perfiles de las colinas, se alteraron los panoramas, se modificaron los ángulos de visión. Pero el espíritu de Lisboa sobrevive, es el espíritu que hace eternas las ciudades. Arrebatado por aquel loco amor y aquel divino entusiasmo que habita en los poetas, Camoens escribió un día, hablando de Lisboa, "_ciudad que fácilmente de las otras es princesa".

"Perdonémosle la exageración. Basta que Lisboa sea simplemente lo que debe ser: culta, moderna, limpia, organizada -sin perder su alma. Y si todas estas bondades acaban haciendo de ella una reina, pues que lo sea. En la república que somos serán bienvenidas reinas así", finalizó.

http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2008/09/15/se-estrena-saramago-somo-bloguero-publica-un-articulo-sobre-lisboa