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martes, 19 de octubre de 2010



Reforma
¿Somos idiotas?
Denise Dresser
18 Oct. 10

El ciudadano favorito de las autoridades es el idiota, o sea, quien anuncia con fatuidad "yo no me meto en la política". Así describe Fernando Savater a los desatendidos, a los que dejan las decisiones primordiales del país en manos de otros, a los que reclaman beneficios y protecciones por parte del Estado -incluyendo espectáculos y diversión- pero no participan o exigen eficacia. Y el Estado mexicano, sólo parcialmente democrático, vive feliz atendiendo las necesidades de tantos mexicanos a quienes trata como "feligreses" en vez de ciudadanos. A quienes ofrece los beneficios de pertenencia a una iglesia o a un club, donde se antepone la devoción a una secta y se sacrifican de manera rutinaria los derechos democráticos. A quienes mediante segundos pisos y dádivas diarias y piscinas instaladas sobre el Paseo de la Reforma vuelven a los mexicanos adictos al populismo.

Adictos a pensar que el mejor político es el que más obra política construye, el que más sacos de cemento regala, el que más subsidios garantiza, el que mejores promesas hace. Adictos a la simplificación de la complejidad mediante la cual un partido ofrece "vales para medicinas", la eliminación de la tenencia unos días antes del proceso electoral, el dinero en efectivo entregado de camino a la urna, la disminución del IVA, los subsidios a la gasolina. Desde la fundación del PRI, el populismo siempre nos ha acompañado, pero hoy en día parece aún más en boga. El PRI tiene a Enrique Peña Nieto, el PRD/PT/Convergencia a Andrés Manuel Obrador y a Marcelo Ebrard, el PAN a Felipe Calderón quien suele caer en la tentación populista en cada Informe de Gobierno o antes de cualquier contienda electoral.

Y no es difícil entender por qué recurren al populismo como instrumento para gobernar. El populismo hace que todo sea tan simple, tan claro, "haiga sido como haiga sido". Divide al mundo en "fanáticos" o "gente decente que trabaja y lleva a sus hijos a la escuela". Clasifica a los mexicanos en los puros y los que generan "asquito". Separa a México en el "pueblo bueno" y "la mafia que se ha adueñado del país". Algo tan complejo como la crisis post-electoral del 2006 se atribuye al odio y al rencor generado por López Obrador. Algo tan complicado como las razones detrás de nuestro crónico subdesempeño económico se atribuye a "el pillaje neoliberal". Cada bando busca organizar sus odios, generar sus propios adictos, dividir conforme a sus principios impolutos. Peor aún, el populismo absuelve a los ciudadanos de la responsabilidad para encarar los problemas del país.

Como señala Savater en su Diccionario del ciudadano sin miedo a saber, el vicio del populismo va acompañado del vicio del paternalismo. El vicio de los gobiernos y las autoridades públicas de empeñarse en salvar a los ciudadanos del peligro que representan para sí mismos. Los políticos mexicanos de todas las estirpes se ofrecen solícitamente para dispensar a los ciudadanos de la pesada carga de su autonomía. Su lema es "Yo te guiaré: confía en mí y te daré lo que quieres". Un desfile multimillonario para festejar el Bicentenario: allí está. Una pista de hielo en el Zócalo: allí viene. Pena de muerte para los secuestradores; el Partido Verde apoya la iniciativa. Un hombre con pantalones capaz de imponer cambios aunque sea de forma autoritaria: allí está Carlos Salinas, otra vez. Una popular novia actriz de telenovelas: aparece en cada "spot" de Peña Nieto. México carga con uno de los mayores peligros de las democracias: una casta de "especialistas en mandar" que se convierten en eternos candidatos. En cada elección asistimos -y contribuimos- al reciclaje de pillos.

Y el problema es que alcanzan esa posición gracias a la flojera o al desinterés del resto de los ciudadanos, que dimiten del ejercicio continuo de vigilancia y supervisión que les corresponde. Los idiotas mandan porque otros idiotas los eligen. Los idiotas mandan porque logran erigirse en una especie de diosecillos que siempre tienen la razón, dado que los apoya el pueblo y el pueblo nunca se equivoca. El populismo ya sea de derecha o de izquierda sobrevive porque no hemos alcanzado la educación que premie la disidencia individual sobre la unanimidad colectiva. Que recompense el mérito en lugar del compadrazgo. Que nutra nuestra capacidad de luchar contra lo peor para que venga lo mejor. Que construya ciudadanos autónomos, libres, de carne y hueso. Que institucionalice la desconfianza en los líderes y la vigilancia sobre ellos por diferentes medios.

Según un estudio reciente del encuestador Alejandro Moreno, 66 por ciento de los mexicanos piensa que "personas como yo no tenemos influencia sobre lo que el gobierno hace". Si eso no cambia, México seguirá siendo un terreno fértil para quienes quieren mantener a sus habitantes en una permanente minoría de edad, ajenos a la política y residentes permanentes del lugar mental donde faltan la resolución y el valor para participar en el espacio público. Y seguirá siendo un país gobernado por proto-populistas y ciudadanos idiotizados que los celebran
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Saludos"la mejor victoria es vencer sin combatir"
Sun Tzu



sábado, 31 de enero de 2009

DISCURSO DE DENISE DRESSER ¿ASÍ O MÁS CLARO?

Foro México ante la crisis: ¿Qué hacer para crecer?

Cámara de Senadores

"Si ustedes verdaderamente quieren que México crezca, tendrán que crear la capacidad de regular y reformar en nombre delinterés público. Tendrán que mandar señales inequívocas de cómo van a desactivar esos centros de veto que estánbloqueando el crecimiento económico y la consolidación democrática."¿Y de quiénes estamos hablando aquí? Tienen nombre y apellido, los monopolistas abusivos y los sindicatos rapaces, y lastelevisoras chantajistas, y los empresarios privilegiados y sus aliados en el gobierno......"Porque si la clase política de México, sentada aquí en primera fila de esta foro, no logra construir los cimientos delcapitalismo democrático, condenará a México al subdesempeño crónico, a ser un terreno fértil para los movimientos encontra de las instituciones, condenará al país a cojear de lado, saboteado por instituciones políticas que no logra remodelarmonopolios públicos y privados, que no logra desmantelar estructuras corporativas, que no logra democratizar."......"México no crece por la forma en la cual se usa y se ejerce y se comparte el poder, ni más ni menos, por las reglasdiscrecionales y politizadas que rigen al capitalismo de cuates, por la supervivencia de las estructuras corporativas que elgobierno creó y sigue financiando, por un modelo económico que canaliza las rentas del petróleo a demasiadas clientelas,por un sistema político que funciona muy bien para sus partidos, pero muy mal para sus ciudadanos."Denise DresserForo México ante la crisis: ¿Qué hacer para crecer?Cámara de Senadoreshttp://www.senado. gob.mx/content/ sp/compare/ comunica/ version2. pdfla intervención de Denise desde la página 19
Léelo Completo en el Universal
http://www.eluniversal.com.mx/notas/573207.html

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Memorándum para el Sr. Presidente

PROCESO.COM.MX

O P I N I Ó N

D E N I S E D R E S S E R

Usted, Sr. Presidente, está solo porque no logró entender que el poder corrompe, pero la ausencia de poder también lo hace.


Y a usted le ha faltado ejercicio de poder para limpiar, sacudir, cambiar, escuchar a una ciudadanía ansiosa de verlo gobernar en su nombre y no a la medida de los mismos de siempre. Usted le ha apostado a la alianza con los defensores del status quo en vez de voltear a ver a los que deseábamos cambiarlo. Ahora nos pide nuestra ayuda, pero por favor entienda nuestro escepticismo. El apoyo ciudadano no es algo que se exige; es algo que se gana

Para: Felipe Calderón
De: Una ciudadana cualquiera
Asunto: Llamado a la unidad

Sr. Presidente, he escuchado con atención la convocatoria que ha hecho a todos los mexicanos, en esta hora crítica. Lo vi allí parado, al pie de la columna del Ángel de la Independencia, hablando con vehemencia. Reclamándonos, exhortándonos, exigiéndonos. Cito sus palabras: 'La Patria exige la unidad nacional. Unidad que supone apoyar la tarea del Estado para hacer frente a los criminales'.
Y pensé: 'tiene razón, pero poca credibilidad para exigir lo que exige'. Tiene razón en convocar a los ciudadanos, pero pocos motivos para esperar que confíen en él o en su gobierno. Tiene razón, pero pocos recursos con los cuales convencer a los demás.
Porque con demasiada frecuencia en los últimos meses, el Presidente de la República no ha sabido cómo serlo; ha cedido poder en lugar de conquistarlo ha ido perdiendo la dosis de autoridad que ganó en el primer año, ha tomado decisiones equivocadas o ha eludido las que le correspondían. Por ello, hoy que pide una gran alianza entre el estado y la sociedad, descubre cuan solo está.
Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo vis a vis; la ciudadanía que decidió darle el beneficio de la duda cuando, en lugar de exigir la renuncia de Juan Camilo Mouriño ante el evidente conflicto de interés en el que había incurrido, decidió mantenerlo a toda costa. Usted y su equipo argumentaron que su renuncia habría sido equivalente a una claudicación ante AMLO y que en realidad no había violado la ley.



Usaron el argumento de la legalidad para ignorar el imperativo de la confianza ciudadana en la limpieza del gobierno. Ignoraron el reclamo de la sociedad debido a una pugna política, y con ello pusieron en entredicho la posibilidad de una Reforma Energética que no beneficiara a los mismos de siempre.
A partir de ese momento, Sr. Presidente, usted ya no tenía autoridad moral para hablar de 'limpiar la casa'. Para proteger a su amigo, a su aliado, a su hombre de confianza, sacrificó la oportunidad de sacudirla y mostrarle a la sociedad que había tenido el valor de hacerlo. ¿Y ahora, después de eso, nos pide que le ayudemos?


Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando después de enfrentar a las televisoras a través de la reforma electoral que debilitaba su poder de chantaje, decidió que, después de todo, era mejor aliarse con ellas. En lugar de coger la bandeja de plata que la Suprema Corte le envió al declarar inconstitucional a la 'Ley Televisa', usted y su gobierno decidieron guardarla en un cajón. En vez de armar una nueva ley de medios con la capacidad de democratizar y desconcentrar un sector clave para la evolución democrática del país, usted decidió posponerla para mejores tiempos que nunca llegaron.


Y luego, con un manotazo, usted exigió la salida de Santiago Creel por su mala relación con esos poderes que han llegado incluso a borrarlo de la pantalla. Demostró con ello que en lugar de domesticar a los poderes de facto, había optado por la convivencia convenenciera con ellos.



Usted lo reconfirmó al anunciar las concesiones de radio FM para los propietarios de AM, guiado por los mismos criterios discrecionales y electorales que caracterizaron a los gobiernos del PRI. ¿Y ahora, después de eso, nos exige que lo apoyemos?


Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando empezó a negociar con lo peor del PRI y de tan mala manera. La negociación con la tercera fuerza de oposición en el Congreso no tiene nada de malo per se. Es requisito indispensable en una democracia presidencial dividida, en la cual el partido gobernante no tiene mayoría. Pero usted ha permitido que hoy, esa tercera fuerza se comporte y gobierne como si fuera la primera.
A cambio ha obtenido algunas reformas que apuntan en la dirección correcta, pero que están muy lejos de resolver los problemas fundamentales del país. Y a cambio ha cedido demasiado sin obtener lo suficiente de vuelta. Ha otorgado una cantidad creciente de recursos a los gobernadores sin exigir la vigilancia sobre ellos. Ha aceptado los tiempos y los términos y las condiciones de Manlio Fabio Beltrones en casi todo momento. Ha permitido que esa oposición semi-leal le ate las manos mientras le propina golpes.
Si no me cree, recuerde cómo el Senador Beltrones le da una patada al gobierno cada tercer día y nadie desde allí le regresa el zape. Usted y los suyos guardan silencio, en aras de obtener algo a cambio. Pero lo único que logran es empoderar cada vez más a su peor enemigo tal y como lo revelan las encuestas recientes. ¿Y entonces, después de eso, nos convoca a pararnos a su lado?
Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando decidió que la única forma de gobernar este país era de la mano de los intereses enquistados.



De allí la alianza electoral con Elba Esther Gordillo y las constricciones para la Alianza por la Calidad de la Educación que eso entraña. De allí la convocatoria a Carlos Romero Deschamps a firmar el Acuerdo por la Seguridad, la Legalidad y la Justicia, con la contradicción inherente que eso implica. De allí que usted haya hablado de la necesidad de combatir los monopolios a lo largo de su primer año y que ahora ni siquiera menciona el tema. De allí que durante la campaña presidencial le haya sacado tarjeta roja a Mario Marín y ahora esa tarjeta se encuentre archivada bajo llave.


Usted pensó que para poder mantener la paz social había que someterse a los dictados de todos los que dicen asegurarla. La paradoja es que esa estrategia ahora se le revierte. Usted ha cedido tanto, conciliado tanto, coexistido tanto con los criminales y los impunes que ya le tomaron la medida. Como no actuó con la firmeza necesaria ante ellos, ahora lo perciben débil. Ahora los maestros del SNTE toman carreteras, y el crimen organizado corta cabezas, y los taxistas del aeropuerto cobran lo que quieren y los conductores de noticieros le preguntan si va a terminar el sexenio. ¿Y luego, después de eso, promete 'aplicar la fuerza del Estado' para protegernos?


Usted, Sr. Presidente, está solo porque no logró entender que el poder corrompe, pero la ausencia de poder también lo hace. Y a usted le ha faltado ejercicio de poder para limpiar, sacudir, cambiar, escuchar a una ciudadanía ansiosa de verlo gobernar en su nombre y no a la medida de los mismos de siempre. Usted le ha apostado a la alianza con los defensores del status quo en vez de voltear a ver a los que deseábamos cambiarlo.
Ahora nos pide nuestra ayuda, pero por favor entienda nuestro escepticismo. El apoyo ciudadano no es algo que se exige; es algo que se gana.